2007/12/06

Mierda


Nu. Ni pensarlo. No pienso contaminar mi espacio seductor con diatribas políticas, histerias o ataques catárticos. Este es un espacio para lecturas, bandas sonoras, placeres, pecados a voluntad y fenómenos del lenguaje. Por eso, hago una pausa pequeñita para referirme al hecho de la importancia inusitada del término mierda frente a la impertinencia de su uso y la defensa ministerial nada pertinente para validar la expresión generada por el presidente de la República el día de ayer: "Sepan administrar su victoria, porque ya la están llenando de mierda. Es una victoria de mierda y la nuestra, llámenla derrota, pero es de coraje".

Sí. Impertinente, que no impresionable, por aludir al adjetivo que refirió el general Rangel Briceño cuando espetó: "Hay quienes plantean que la Fuerza Armada presionó al presidente para que aceptara el resultado. Al presidente no se le presionó porque él es impresionable". Impertinentes ambas emisiones por la ausencia de pertinencia, que no es otra cosa que el sentido de pertenencia que posee un término con el contexto, con la materia que refiere y hasta de correspondencia con el receptor al que se dirige. Impertinente el primero, mierda, por no guardar correspondencia con la responsabilidad del emisor, el espacio, ni el horario ni las circunstancias; impertinente el segundo, impresionable por la falta de correspondencia con las acepciones del término.

Pacatería cero

Aclaro: no soy pacata, y mucho menos con el uso del lenguaje. No tengo prejuicios con las groserías, esas recurrentes lexías estereotipadas que bien que enriquecen el lenguaje, generan encantadoras y humorísticas maneras de relacionarnos, nos identifican como hablantes, revelan trasuntos humanos y divinos de nuestro quehacer y quieran o no, forman parte de nuestra historia como entidad social y política. En El insulto en Venezuela, escrito por el docente, escritor y cultísimo investigador Francisco Javier Pérez, (Fundación Bigott, 2005) bien puede encontrarse una sucinta descripción de los alcances y los registros de los insultos que nos acompañan desde hace mucho tiempo.

Creo en las groserías como elemento revelador y articulador de atmósferas, como detonantes sabrosísimos para sintetizar y potenciar el sentido de quien las enuncia o despertar emoción en quien las recibe. Las uso en mis escritos, forman parte de mi vocabulario y la verdad, me abstengo, como cualquier hablante con sentido común, de hablar con estas expresiones altisonantes en espacios en las que éstas no son necesarias, ni pertinentes.

Victoria de mierda

Para uno de los más responsables profesores invitados a nuestro Programa de Estudios Lexicográficos, el escritor, docente e investigador Luis Barrera Linares, el hablante público (o sea, en este caso, el presi), “produce lenguaje para un colectivo sin la conciencia del efecto que puede producir su lenguaje”. Es decir, hay un acto conciente en la emisión de las palabras y las ideas, por supuesto. Sin embargo, con conocimiento o no, el hablante público modela, crea un patrón que el colectivo asume como modelo lingüístico y que repite, a veces como el periquito. De parte del colectivo sólo resta la aceptación o el rechazo del modelo lingüístico de este hablante. Sin embargo, y para fortuna o desgracia, el hablante siempre modela.

Para Barrera, el hablante público adquiere entonces una responsabilidad que le sobrepasa.

Impertinente, que no por eso imposible de enunciar, de pronunciar, de repetirla hasta reír de cansancio, como provoca Fedosy en su Caja virtual. Impertinente por tratarse del discurso de un hablante público que bien que ha abusado de las jergas, las imposturas y los desacatos a las formas de tratamiento hasta convertir al lenguaje en trinchera o espada de Damocles, la mayoría de las veces. Impertinente por el efecto que causa y que se convierte no sólo en patrón lingüístico sino en modelo actitudinal, vademécum vital de un colectivo que aplaude y asimila cada palabra, cada gesto, trátese de escuálidos, pírrico, adquerir (sic) o lego, independientemente del contexto o la falta de información con la que se enuncie.

Para el Maestro Colmenares, la posibilidad de creación lingüística es infinita. Basta colocar sufijos, adaptar o bichar cualquier vaina para que aparezcan nuevas maneras de referirnos, expresarnos, enriquecer el habla, echar abajo el muro de la prescripción lingüística. Por eso hay varias maneras de escribir un mismo término, sinónimos, homónimos, polisemas, etc. Asumir posturas académicas y rectoras, ponerse a patalear por el uso de una u otra acepción resulta a esta altura tan vintage como hacerse la permanente o teñirse el cabello de rojo.

Prefiero el uso pertinente, el convertir a las palabras como aliadas, no como enemigas. Luego, la expresión del presidente durante un acto militar, transmitido en vivo durante el horario todo público, como expresión para tildar de abyecto y pusilánime el evento electoral del pasado 2 de diciembre, me resulta impertinente en grado sumo. Cada quien tiene el derecho de decir y creer lo que piense; eso es cierto. No obstante, más allá de la palabra está el discurso, el emisor, el contexto y los receptores: un esquema básico de la comunicación en el que todos los hablantes convenimos ciertas reglas del juego para poder seguir articulando y relacionarnos. Lamento la idea errada del “hablar claro y raspao” como expresión de la sinceridad o la franqueza con el abuso del poder o el irrespeto como norma convenida unilateralmente.

El colofón de Lara

Una pésima elección, si de defensas improvisadas se trata. Basta leer algunas (pocas) de las obras del Nobel Gabriel García Márquez para saber lo que le sucede a los generales que abundan en sus escritos. Luego, utilizar como argumento para validar el uso de una palabra a todas luces ofensiva por parte de un hablante público a partir de su presencia en una obra literaria no es impertinencia, es falta de conocimiento. Recuerdo como le fastidié la paciencia a mis primeros alumnos del Francia, por allá al inicio de los noventa, sobre las diferencias entre los géneros literarios, las normas del buen hablante y del buen oyente y las cualidades de un buen expositor. Creo que sin esfuerzo bien podrían en este momento hasta recitarlo de memoria.

A Sebastián, mi hijito mayor, procuramos no hacerlo partícipe de conversaciones políticas, ni de afectarle su merecida burbuja de felicidad y bienestar infantil en medio de tanta desazón estructural. Sin embargo, al pasar cerca de uno de los periódicos que revisaba el flaco, nos comentó con sus 7 años impolutos: “El presidente es grosero”.

Impresionante final

Existen estudios publicados y en proceso sobre la creación lingüística en este período de gobierno en nuestro país. Registradas están las creaciones diversas y las nominaciones que se han generado durante estos nueve años y que siguen contando, por cierto. De lado del gobierno y la oposición, las creaciones no son pocas, y quiéranlo o no, forman parte de nuestro acervo lingüístico, asentadas y en plena vigencia. Para no herir susceptibilidades, prefiero guardar mi listica para efectos académicos, so pena de ganarme una guerra a muerte con enemigos que nunca he tenido.

Lo que sí me gustaría comentar y dejar claro, es que esa posibilidad maravillosa de crear palabras, resemantizar y adornar, deformar y añadir, no responde a un ramalazo fugaz de la inspiración; ni a la majestad de un funcionario: la evolución del habla y las convenciones tienen sus propias reglas del juego… y los jugadores somos todos.

3 comentarios:

J. L. Maldonado dijo...

Leyendo tu texto me declaro impresionable en su verdadero sentido. No s�lo porque a pesar de los 8 a�os de desgobierno, no pierdo la capacidad de asombro cuando suceden estiercoleras como las recientes; me asombro tambi�n, me impresiono, por leer textos como el tuyo el cual me ha ahorrado una gran cantidad de tiempo en el sentido de que ya no tengo que escribir sobre el mismo tema. Ya t� lo hiciste impresionablemente bien.

Dakmar Hernández de Allueva dijo...

Wow
Bienvenido y gracias por tu comentario...
La verdad, leyéndote (y tarareando al Blades) me encantaría saber tu opinión sobre el tema: ojalá te animes a hacerlo pronto.
Saluditos

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo
Felicitaciones Este es el retrato de un mal perdedor.