2008/02/25

Cinema domiciliario


Ubi sunt

A pesar de las estadísticas y los hábitos ni por asomo me gustaría ponerme a discurrir sobre la suerte del cine como establecimiento comercial, ritual social o espacio cultural colectivo en vía de extinción. Por supuesto que ir al cine me resulta placentero y lamento la pérdida o cierre de salas emblemáticas, patrimoniales –y hasta indispensables para la memoria– espacios transformados para siempre en depósito de cachivaches, centros de comercio espiritual o congelados para trámites futuros de engorrosos testaferros aparentemente limpiecitos como un sol. Uno de esos espacios perdidos para siempre en el mundo concreto de los referentes es justamente aquel donde asistí a mi primera sesión de cine, el Radio City. Muchos años después, con el ciclo Los miércoles insólitos, la sala semi abandonada repuntó con nuevos brillos y se instituyó en epicentro de las actividades musicales caraqueñas durante el año 99. Convertida más tarde en sede para un laboratorio policial, la estructura pasó a engrosar una larga lista de salas en las que ya no hubo espacio never more para alguna proyección.

Acostumbrada a los desvaríos arquitectónicos y los cambios sin clemencia que sufre esta malquerida ciudad caraqueña, no había notado lo punzante de la pérdida del Radio City, la alucinante taquilla plateada y sus sirenas entrelazadas sobre la pantalla hasta que un día de turismo amoroso el flaco y yo nos metimos a ver Alatriste en el cine Capitol. Al entrar le dije al flaco que así debía lucir un Radio City donde se respeta la cultura y se cuidan los espacios de recreación, sí señor. Allá también se han cerrado salas de cine, eso es cierto; pero frente a la destrucción, cambio o cierre existen colectivos organizados desde la sociedad civil que le hacen frente a la variopinta galería de intereses que motivan estas decisiones.

Cine de aventura

Reservadas las salidas al cine casi en su totalidad para los filmes infantiles –Sebas es un experto en estrenos– el cine resulta una suerte de fábula de comunión familiar, ritual valeroso, excitante y de riesgo en el que pretendemos asistir a un espacio donde se supone que aún seguimos existiendo como ciudadanos de primera incluso inmersos en una ciudad que transgrede el espacio y las normas, la libertad y pone en vilo hasta la tranquilidad del ciclo salida-feliz-retorno. Además hay que contar con el valor agregado del recinto en cuestión: en Caracas los cines están trastocados por el azul de las salas comerciales y las bandejitas de plástico amarillo que te recuerdan que, aunque Audrey Hepburn te sonría en la antesala y en la cajita de las cotufas, todos son iguales.

El Oscar y otras hierbas: la mejor butaca es mi cama

Durante los últimos días resultaba inevitable hablar sobre pelis, estrenos, actores, actrices y argumentos. Dada la quietud hogareña y la preferencia del home theater antes que el trance insufrible de soportar problemas con el sonido (inexistente o estridente) de tener que levantarme de la silla cada cinco minutos para ir el baño (perdido el control de mi vejiga, parafraseando a Rachel en Friends) o que los movimientos de Andrea me transmitan en clave uterina que andamos incómodas, (necesito acostarme-necesito pararme-necesito moverme) en casa podemos jugar con al ambiente, los horarios, el sonido, las chucherías y las pausas porque mamá necesita urgentemente ir de nuevo al baño, porque queremos más heladito o porque la peli es tan malaza que mejor echamos mano al plan B de la velada.

Algunas de las pelis disfrutadas durante este febrero cinéfilo y con las que no pienso aburrirlos a punta de estudios críticos, pues para eso están las páginas y los especialistas, (y en su mayoría los directores o actores o los protagonistas forman parte de mis gustos, lo que me convertiría en una pésima crítica) fueron I´m not there, Control, Across the universe y El cantante. También vi, entre risas, sorpresa y espanto, Planet terror el proyecto de Robert Rodríguez. Pero de esta peli hablaré después.


I´m not there
(Todd Haynes, 2007) Particularmente aluciné con las actuaciones de Heath Ledger y de Cate Blanchett (sobre todo ésta última). Atrapadísima por la fuerza y pasión de Cate, lamenté que no ganara el Oscar, por supuesto. Pero bueh, así son a veces estas cosas, discúlpenme el lamento de fan decepcionada. Para ver esta peli hay que meterse un puñal sobre Dylan o contar con un compañero que además de prodigar cariñitos y disfrutar de la historia, sea todo un especialista en el cantante, su discografía, biografía, juegos y mañas. Altamente recomendable vacilarse primero el filme de Scorsese, No direction home.

Control (2007) La historia de Joy Division retratada bajo la óptica de Anton Corbjin. Aunque la historia de Ian Curtis no es un folletín rosa y muchos insistan en crear paralelos con Kurt Cobain, la película no resulta en sí misma más que una aproximación musical, íntima y desprejuiciada de los avatares del cantante, de la fuerza de la banda y el panorama musical que los acompañó e influyó. Un paseo por Londres, la escena glam, punk y post punk. Una película bien realizada y con una potente banda sonora. Cuatro chocolates. Imperdible.

El cantante (León Ichaso, 2006) Hace algún tiempo tuve la suerte de participar en la producción editorial de una pieza teatral referida a la última etapa de la vida de Héctor Lavoe; así que en esta oportunidad pude revelarle algunos guiños de la peli al flaco. Ver El Cantante constituyó un ejercicio de curiosidad y hasta cierto punto de descreimiento. A pesar de la voz de Anthony, la actuación de Jennifer López y la música, lamenté el estancarse de la historia en la desgracia y los excesos de Lavoe again and again and again. No pude evitar relacionarla con los teleculebrones de los malucos de los Rolling Stones y el aburridísimo y conflictuado Brian Jones en Stoned (Stephen Woolley, 2005) y con el remedo de Kurt Cobain mal retratado en The last days (Gus Van Sant, 2005).

Across the universe (Julie Taymor, 2007) Mucha música, muchos guiños, mucho Beatles. Drama, historia, historiografía, revival y unas actuaciones impecables de Bono, Joe Cocker, Dana Fuchs y un actor increíblemente parecido a Cobain llamado Joe Anderson, quien interpreta a Peter Hooks en Control. Iconos de los años sesenta, figuras estelares de la política y Vietnam. Para escucharla y verla un montón de veces, sin dudarlo.

4 comentarios:

Cristian dijo...

Hola Dak,

Así como se van los cines se van las librerías. Se pierde más que una esquina dedicada al comercio.

Me gustó tu nota cinéfila y tus micro reseñas. El otro día buscaba una película de terror y sin embargo me encontré con "Jorge" un Ucabista letrado que no sé si recuerdas (debilidades del cable supongo) hablando de películas como si fueran empanadas: me gustó, no me gustó, me dio acidez...

Besos

Cristian dijo...

También el documental "Don't look back" de D.A Pennebaker de 1967.

Pennebaker dirigió también Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1973).

Beso

Dakmar H. de Allueva dijo...

Hola Cris,
Gracias por el dato!!
Tu comentario me ha hecho sonreír franca y estrepitosamente. ¿Y las reseñas tipo "Oh, no puedo con tanta cultura"?, esas que son larguíiiisimaaas, te aburren sin remedio y te quitan hasta las ganas de ver la peli.Esas también colaboran con la muerte del cine, sin duda.
Muchos besos

Cristian dijo...

Dakmar,

Te respondo con una semana de retraso. Espero que revises.

Si esas reseñas también matan. Justo hablaba con una amiga de los "críticos" literarios (otra fauna organizada)

Muchos deben estar obligados a emitir opiniones cuando no quieren y eso debe alterarles el ánimo y reducirles el radio de análisis.

Beso