2009/04/28

Nana vieja: celebrar la ausencia con una despedida alegre*


Ekaré

Colección Libros de Todo el Mundo

Autora: Margaret Wild

Ilustraciones: Ron Brooks

Caligrafía: Morella Fuenmayor

25 x 26,5 cm

Tapa dura

ISBN 980-257-234-9



En esta oportunidad, Margaret Wild ofrece una conmovedora historia donde se aborda de manera sencilla y emotiva la ausencia de un ser querido, todo ello acompañado de las hermosas ilustraciones de Ron Brooks. Para Estrella Marcos, (En www.pangea.org), Nana vieja es un libro que “contribuye a la educación sentimental y sensitiva en una edad muy temprana y consigue un equilibrio delicadísimo entre narración visual y textual”.

Nana vieja es, sin duda, un libro recomendado para todas las edades que da cuenta de cómo la muerte puede afectar la vida de un niño, en este caso personificado en una pequeña cerdita llamada Chanchita.

El libro álbum se apoya en la combinación complementaria de textos e imágenes sugerentes que evocan sentimientos de ternura y tristeza, teñidas de esperanza y de alegría aun frente a la desolación que produce la muerte. Desde la cubierta el lector encuentra guiños e imágenes sobre la historia que está a punto de presenciar, protegido por la voz omnisciente que le acompaña por sus páginas.

Como si navegaran sobre un lienzo de nenúfares emergentes de Monet, en una pequeña barca pasean Nana y Chanchita, compañeras, abuela y nieta cómplices que comparten todo. La vida es perfecta en su cotidiana sencillez y durante la primera parte podemos espiarlas cumpliendo las tareas diarias siempre juntas, siempre alegres.

Luego, las imágenes ocupan la página entera y anuncian el cambio en la vida de las dos cerditas: Nana vieja no puede levantarse de la cama e inicia un viaje sin retorno que provoca miedo y desazón en la pequeña.

La muerte se despoja aquí de su manto amenazante y tiende un puente de emociones y colores cálidos al lector. Chanchita sabe que su abuela no estará más y la acompaña en su último recorrido por el mundo que ama y conoce.

Los preparativos de Nana vieja comienzan y la calle la recibe en medio de un halo de luz; las hojas de los árboles cambian de tono, las nubes transitan y avanza el tiempo mientras que la naturaleza anuncia el cambio, cobija los consejos, la acuarela suaviza los rasgos dinámicos de los personajes y compone en ocasiones hermosos cuadros cargados de plasticidad y significados.

Las despedidas no son situaciones felices, y sin embargo todo invita a la vida, a sentir, a asumir con naturalidad el destino. Nana insiste en insuflarle vida al mundo que le rodea e invita a su nieta a mirar, oler, sentir, vivir.

Hacia el final de la historia la barca aparece en el muelle. Desde las guardas el agua ha trazado un hilo conductor que acompaña a cada secuencia, el movimiento ondulante de las hojas, las nubes. Una paloma, guiño al símbolo religioso para connotar al espíritu, alza vuelo y surca el cielo en primerísimo plano anunciando el amanecer. Ella se ha ido y resulta difícil evitar que las lágrimas acudan presurosas ante tanta belleza.

Chanchita despide la historia mientras sonríe tímidamente y mira a los loros, ve juntarse las nubes y se refleja el gacebo en el agua. Nana vieja vive en cada unas de esas cosas y también en ella. El agua de las guardas cierra la historia y abre la posibilidad de volver o no a su encuentro dolorosamente alegre.

Nana vieja también aparece como recomendación de lectura para ayudar a niños en proceso de duelo junto con otros títulos en la página Vivir la pérdida, en: www.vivirlaperdida.com. Un libro hermoso que trata con profunda sencillez una realidad común a todos.


*Texto entregado, disfrutado y compartido en el transitar del Programa Integral en línea de Formación para Promotores de Lectura, Banco del Libro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Una belleza"
P.

Doña Dakmarcita Hernández de Allueva dijo...

He escuchado a un par de lectores cercanos hablar acerca de su decisión de no volver a jamás a Nana vieja, dada la fuerza emocional que despliega desde la tapa hasta el final.
La reseña se convirtió entonces en un acto expiatorio. Lloré, reí y volvi varias veces a él como objeto y material de mis prácticas, hasta apreciarlo como lo que es: una obra de arte.
Gracias por el correo y la visita.
Qué bueno que te gustó.