2010/11/02

Ricky Martin: Yo

Si alguien me hubiese dicho hace unos años que iba a leer un libro acerca de la vida de un ex Menudo me habría reído, y con ganas. Mientras más joven, más rígida, más snob, más cerrada. Presumir de lectora intensa pasa por despreciar todo lo que desconocemos, ni hablar de lo que pueda causar en los demás, por supuesto.

Trabajar en la promoción y el mercadeo editorial tiene sus caminos insospechados con sorpresas propias de ruta de videojuego. Mientras alucinas porque te llega calientito el más reciente título de Umberto Eco, tienes que armarle una campaña a un libro que lees, seguramente, por obligación (deber profesional, le dicen...). En los días en que trabajé en Santillana, aprendí una frase de Benavente que me acompañó como un mantra, y se refiere a la inexistencia de las lecturas malas, o de libros inservibles.

A esto le sumo mi experiencia como lectora. He leído con interés y curiosidad, con proximidad hacia lo predecible y también con ansiedad -o temor- de llegar a la última página. He leído mientras bostezo y me he encontrado con páginas que me han arrancado lágrimas o sonrisas. Esta versatilidad literaria más o menos reciente hizo que inventara una división en mi biblioteca que nada tiene que envidiarle a Dewey, y que respeta lo que he calificado como mi sección de "Literatura Pop".Allí están, entre otros, la biografía de Bunbury, la última sesión de Marilyn Monroe, la antología de Warhol, las postales de Burton y la versión magnífica de DEBOLS!LLO de Maitena. Mis libros me hacen feliz, aunque a veces sienta que han perdido terreno frente a la colección de discos que repta como enredadera por toda mi casa.

Ayer tuve oportunidad de leer algunas páginas de Yo, la autobiografía de Ricky Martin. A pesar de saber por Editorial los detalles que rodearon al libro y demás info necesaria para acometer el plan editorial y de medios, me sorprendió encontrarme directamente con pasajes construidos desde una franca sintaxis alejada de la vulgaridad o de la simpleza narrativa que a veces inunda la estandarizada vida contada de los famosos. No, ojo, no creo que haya ningún mérito en hablar sobre paradigmas o novedades en  un género manoseado y mercadeable desde hace tanto... las biografías de celebrities venden, y mucho. Por el contrario, me sorprendió como lectora, me atrapó la narración  y confieso que me generó una tristeza increíble (que derivó en admiración) al leer los capítulos "El sonido del silencio"  y "El papel de mi vida".

Conocer estas historias sobre la trata de los niños, los esclavos sexuales de cinco años (y menos) me hacen un nudo en el estómago y creo que las imágenes y las anécdotas me serán difíciles de olvidar. No obstante, la acción de este chico es admirable y a pesar del bajón que producen algunas de sus experiencias, la esperanza se abre paso entre las páginas, que escapan a convertirse en escenario de panfleto de autopromoción, pues estos hechos figuran en el libro como una parte de su vida, de su accionar diario, de sus propósitos.

Comentar en las redes sociales mi lectura de Yo, tiene su precio: no pocos conocidos y amigazos han manifestado sutilmente su burla -solapada o abierta- hacia mi lectura. La primera en reírse de manera cómplice soy yo, por supuesto. Luego, no puedo evitar pronunciarme: sé de hombres muy machos que van por la vida sin comprometerse con nadie, que no asumen sus responsabilidades y cuya vida es tan intrascendente que sólo se hacen notar por sus desaciertos. "Ya me gustaría que algunos machos fuesen la mitad de comprometidos como este chico con los menos favorecidos", se puede leer en la barra derecha que adorna este blog.

Imagen: Random House Mondadori

1 comentario:

Anairo Draculesti dijo...

Cada libro tiene un sorpresa mágica.

Besos, Dak ;)