2010/12/20

Tiempo para actuar

Se acercan los días que rompen las estructuras y arremeten contra la rutina, abriendo una ventana para mirarse el ombligo, recordar las promesas que no cumplimos, los aciertos, los proyectos en camino... siempre tratando de evitar el pensar en el futuro y entonces hacer balance de fin de año

Las contingencias del trabajo y en general, la contingencia en que se convirtió el país secuestraron de manera arrolladora toda posibilidad de planificar mis "días de asueto"... mi ánimo y hasta mi visión entusiasta y apasionada del futuro... ni hablar de la ausencia del nanotiempo indispensable para hacer algún tipo de balance. Durante mis clases de Mercadeo nuestro profesor aconsejaba no hacer proyecciones, pues no tenemos posibilidad de medir lo que sucederá en el país los próximos quince días. "Cada domingo cambia nuestra realidad" decretó en su penúltima sesión. Váyalo, pues. Esa fue la primera vez en mi vida que pensé en lanzar mi cuaderno de notas por la ventana. 

Las fiestas... en mi casa sí habrá una celebración modesta, para evitar que la realidad y el Estado nos secuestren la posibilidad de celebrar otro año juntos; pero sin gastar en superficialidades que no se corresponden con nuestra realidad actual.  Una casa llena de luces, adornos, regalos, cestas navideñas, sin pensar en los demás, en lo que nos pasa en estos días, es una casa llena de indolentes. Un local lleno de cestas navideñas, es un comercio indolente. Una empresa que decide comprar regalos corporativos sin pensar en los miles de damnificados que sufren por haber perdido todo, es una empresa indolente. Un pueblo que se refugia en las luces y da la espalda, es un país lleno de indolentes. 

Me descubrí esta mañana añadiendo un escueto "Felices fiestas" a la tarjeta animada de la casa editorial en la que trabajo. Cada vez que comenzaba a redactar un mensaje de cierre, acudía la tristeza. Ayer hablaba con Cyn y Nela sobre la indiferencia, el egoísmo y la falta de compromiso. Lo siento, no quiero arruinarle a nadie su merecida época de vacaciones y distensión familiar, pero, ¿quién, en su sano juicio, quiere celebrar esta ruina? Me parece indecente planificar cenas empresariales o regalos corporativos cuando más de 100 mil personas se quedaron sin techo, cuando el resultado de estos 11 años de desgobierno es la incertidumbre como horizonte. En la editorial donamos libros, ¡que es lo mínimo que podemos hacer!  En lo personal, todo lo que puedo. 

¿De qué servirá un juguete roto para un niño que lo perdió todo? Ya bastante tienen con las promesas incumplidas y la demagogia gobiernera. Mi propuesta es simple: colaboremos con lo que podamos, pero con respeto y solidaridad, sin desviar la mirada. Mañana nos puede tocar a nosotros. Así de simple. 

Deseo que despertemos y que 2011 sea mejor. Abrazos para mi familia que se estrena en el frío y a los amigos (cada vez más) que huyen de Venezuela porque este país ya no puede garantizarles nada; esos que me repiten que esto de "querer quedarme" es pura resignación con aderezo de orgullo. Ojalá se equivoquen.