2011/03/18

Cuentos de Camionetica

Cuento de Camionetica 4


Desde mi ventana

Mi jefa me comenta, convencida, que el problema no es tener un hijo, sino en quién vas a confiar su cuidado una vez que te toque volver a tu trabajo. Porque esto de ser una mujer yo-puedo-con-todo acarrea el disponer de un equipo multidisciplinario que te ayude en la crianza de los niños, of course. Debes formar una nueva familia nuclear: Tu compañero (en el mejor de los casos), una abuela de esas entregadas y con buen humor, la tía divertida, los tíos incondicionales, la guardería o la nana. Luego, la pediatra, el terapista, la maestra de ballet, el entrenador de fútbol, la cuentacuentos, las mamis letreras, el profesor de natación, el maestro de música y el Wii como parientes relacionados, por citar sólo a algunos miembros.

Ayuda. Mucha ayuda. Jugar a la autosuficiencia es tan cursi y demode. Recuerdo una vez, en medio de un despecho horrible (y tan superficial, en retrospectiva)  por allá en mis días de pregrado, que una de mis madres postizas, Marielena, me consolaba diciendo no perdiera mi tiempo en llorar y que guardara esas lágrimas para el día en que no consiguiera una señora que pudiera ayudarme en la casa. Oh, ¡cuánta sabiduría materna!

Con Sebas pude disfrutar de una flexibilidad laboral que me permitió aprovechar su compañía. Con la gordita también, a pesar de mi incremento tareístico y académico. A los 3 años de edad mi muchachito entró al primer cole, en el que estuvo sólo un trimestre, pues conseguimos uno más lindo ese mismo año, con comedor (y maestras conocidas de mi mamá que me lo pudieran cuidar reloaded) El flaco y yo lo buscábamos al colegio (tan chiquitito, en el primer nivel del preescolar, Awwww). Comíamos helados, caminábamos... ¡Toda una aventura!

Un día, en el trayecto de vuelta a casa, Sebas y yo (en modo dúo, sin carro) subimos a una camioneta de la ruta Chacao-Los Ruices, de esas que bordean toda la Francisco de Miranda. A él le emocionó sentarse en un puesto que ostentaba un ventanal (inmenso, en proporción a su estatura) y lo mejor de todo, bajo, basicamente cómodo y panorámico. Sebas, siempre callado, tranquilo, se sentó y comenzó a registrarlo todo, a mirar simultáneamente todo lo que dejaba captar aquel portal. Al pasar frente al Parque Cristal, esa mole cuadrada de vidrio que marca el fin del municipio Chacao, exclamó: ¡Mamá!, ¡ese edificio está roto!

Me temía un efecto sonoro colectivo como el de las risas grabadas de la televisión. Pero no, algunos suspiros maternales y una que otra risita (de esas que preceden a las explicaciones en voz alta de parte de quien las exhibe, en franco monólogo de justificación innecesaria) hicieron que pudiera retratar la carita iluminada de Sebas esperando una explicación acorde a aquella cosa terrible

Hoy, después de los 13 segundos disponibles para catar el cielo y la silueta del Ávila, en el minuto 20 de mi recorrido quedamos atrapados en la cola de espera del cambio de semáforo. En esta sesión, el colectivo chilló rabiosamente a Karina. Desde mi ventana... lo que me llevó por segundos a preguntarme (sin recordarlo) en qué año fue que tuvimos que ver a Karina teloneando a Hombres G,  y cómo me emocioné como una quinceañera ochentosa cuando uno de mis panas del alma (del tuétano) me contó que iba a trabajar en un proyecto teatral con ella, la mismísima Karina en persona. Antes de seguir enumerando lastimosamente más imágenes como estas, miré por la ventana para escapar de tanta nota inalcanzable, de tanto aullido a media mañana, de analizar la tendencia inevitable que observo en algunos de los conductores de camioneticas de la ruta diaria que insisten en escuchar baladas de los ochenta (los CD completos, ¡válgame!) y a todo pulmón. 
Sonreí. Allí estaba, capturando nubes y luces, el edificio roto de mi Sebas, declarado patrimonio en sus ojitos limpios de niño de tres años y medio. 

5 comentarios:

Esparzari dijo...

Dakmar, aparte de apuntar lo obvio (es decir, que tu relato está excepcionalmente bien escrito), tengo una cosa más que decirte:

Aiiiinssssssss <3

Carolina González Arias dijo...

Hermosas reflexiones :-)

Dakmar Hernández dijo...

Gracias, muchachones. Luv ya!

Rodolfo dijo...

El concierto debe haber sido tipo en el año 88.
Ese fue mi primer concierto. jajajaj.

Dakmar Hernández dijo...

Me cuentan que en el 87!! Ay Dios mío!