2013/01/16

Parole tipo underground

Dejé de observar a la gente que hablaba en el metro desde que las miradas de curiosidad se tornaron en advertencias fulminantes dignas de órdenes de alejamiento. El espacio y el aire es escaso. El otro está más cerca de lo que se desea. No hay silencio, orden ni limpieza. El tránsito es un vía crucis inevitable.
En ellos, los otros, brotaba incesante el material del que nutría mis escritos. Nada más cercano para armar personajes, fabular, confabular y mimetizar que aquella sucesión de gestos involuntarios, comentarios predecibles, declaraciones altisonantes y reflejos. Rostros relajados, casi somnolientos.
Ahora, no hay placer en el trayecto. No hay redención en la ciudad del crímen. No hay sosiego. No puedo escuchar las pausas ni atrapar los puntos para rematar las sentencias. Mis silencios están llenos de angustia y miedo. No puedo escribir desde acá. No quiero.
Nombres propios y comunes, política servida con café con leche. Nación zombie, boliburguesa y con soundtrack de cantautores becados. Pseudo revolucionarios versus doñas que existen solo en su imaginación. Miseria, limosna, trapos mojados-recién lavados-que cuelgan de la jardinera de la estación de trenes. No hay paso en el rayado si no hay un semáforo que anuncie con tiempo que hay que detenerse para permitir el paso del otro, pues sí hay un otro, aunque suene invisible.


Imagen: http://escapepipe.blogspot.com/