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2009/03/27

Planeta Tierra, Planeta Vida en The White Ravens



Una de las cosas que siempre les agradeceré a Irenela y a Sasha fue llevarme a Ediciones B. No sólo participé en proyectos interesantísimos como correctora y editora, sino que escribí y hasta asumí temporal y fugazmente la promoción de unos títulos cuando el tiempo lo ameritaba.
Allí tuve la suerte de conocer a gente súper especial como Mafe, una de las más geniales y exigentes editoras con las que me ha tocado trabajar. Hoy Mafe celebra junto con su equipo de la Colección Iguana la selección del libro Planeta Tierra, Planeta Vida como integrante de la exposición The White Raven 2009 con los mejores 250 libros infantiles y juveniles de todo el mundo. La International Youth Library de Múnich escogió este título entre miles de libros de más de 30 idiomas y de 50 países.
Comparto la alegría y el entusiasmo a pesar de la distancia.
Felicitaciones, bella ¡Enhorabuena!


Planeta Tierra Planeta Vida
Texto e ilustraciones: Javier Cajiao
Dirección editorial: María Fernanda Paz Castillo
Diseño: Camila Cesarino Costa


Más información en: http://www.ijb.de/files/whiteravens/wr09/Einleitung09.htm




2008/04/09

Escribir es más que corregir


Escribir es sobre todo corregir, no creo que se pueda separar una cosa de la otra. […] El escritor debe ser il miglior fabbro, en el sentido en que Eliot usaba esta expresión para hablar de Pound. El mayor artífice, esto es, aquel que conoce mejor la técnica: en este nivel un escritor nunca será suficientemente conciente. Ésta es, sin duda, la lección de Borges: no se pueden prever el destino y la importancia futura de su obra, pero es indudable que su presencia en nuestra literatura ayuda a destruir el mito de la espontaneidad y de la inocencia del escritor.

Ricardo Piglia.

A propósito de un interesantísimo trabajo de edición que realizo actualmente, echo mano a algunos apuntes, ideas y otras hierbas que manejé, entre otros asuntos, para la construcción metodológica del Diccionario usual del editor en Venezuela, DUEV, trabajo de grado (compartido) para optar al título de Lexicógrafa y que apuesta por un corpus lexicográfico editorial de uso venezolano. Creo que cada libro a corregir implica una experiencia absolutamente enriquecedora a nivel metodológico, sin hablar de la afortunada experiencia que significa trabajar con editorazos y editorazas, -si esa es la suerte- o con diletantes que por cosas del destino son responsables de un manuscrito y nos recuerdan justo lo que no debe hacerse. En fin, que sea propicio para el debate.

El editor venezolano

Durante el desarrollo del Taller para editores de la Fundación Bigott, por allá en el 2005, abordamos el tema del editor en Venezuela. Para Miriam Ardizzone, un editor venezolano es un creador, un promotor cultural, un agente comercial, una pieza clave en la línea editorial, un gerente: “un organizador que nunca pierde de vista a sus agentes receptores, los lectores”.

Vale la pregunta: ¿Se reconoce el trabajo del editor en correspondencia con todas estas responsabilidades?

Editar es más que corregir

Al referirnos al proceso de la creación de una obra escrita, asociamos al hecho escritural con un universo de acciones, sentimientos y actitudes. Inspiración, intuición, espontaneidad, fidelidad, arte y originalidad parecieran ser algunos de los valores que atribuimos a la escritura entendida como resultado de un proceso creador, como fase previa y necesaria para la manufactura de una obra literaria, un artículo o un texto publicable.

Documentadas se encuentran experiencias de creación de todo tipo: desde las que resultan de una combinación de contextos y épocas determinadas, hasta las que arrojaron sobre sus autores mitos y etiquetas dada la profundidad de los asuntos o las experiencias tortuosas e interminables de creación y edición. Sin embargo, no aparece en los titulares el proceso de corrección y edición de la obra que llega compaginada hasta nuestras manos, así como tampoco existen las huellas en el perfeccionamiento que tiene que vivir un diamante antes de ser expuesto para su venta.

Tú editas, yo edito…

Ante la aparición de innumerables publicaciones, talleres de formación e iniciativas editoriales, la consolidación de un mercado editorial a nivel mundial que da cuenta de la existencia, permanencia y exigencia de un creciente mercado de lectores y autores, los intentos por abaratar la producción y coste de los libros y la diversificación temática que bien que puede constatarse en los anaqueles y librerías, la edición cobra relevante importancia en el contexto actual como proceso ineludible e indispensable de producción.

Aunque un escritor puede releerse y corregir invariablemente el contenido de su obra antes de pensar en publicarla, necesariamente tendrá que ser asistido por un especialista que pueda guiarlo en el perfeccionamiento de su contenido, y en el cómo desarrollar estrategias para que este manuscrito se convierta en un objeto libro o impreso con óptima calidad que potencialmente pueda ser leído y disfrutado por un número cada vez más creciente de lectores.

Lo que pareciera que no admitir discusiones es la necesidad de “profesionalización” en el campo de la edición, la abolición del mito de quien corrige es en consecuencia editor, por ejemplo; la falsa creencia de que un autor puede autoeditarse o peor aún, que los manuales de estilo son la única respuesta metodológica para enfrentarse o degustar, en el mejor de los casos, un texto.

2008/02/11

Edita que algo queda



Lunes de microblogging
A pesar de los golpes y porrazos, los aciertos, las experiencias acumuladas y los grados de "pulcritud" con el que pueden llegar a las manos los manuscritos, cada material sujeto a edición implica un proceso lento (y cada vez más lento, dentro de los estándares de entrega y mercadeo actuales) de producción con características tan particulares como el material que se edita. Con estas ideas referidas a tiempo, costos, calidad y producción revoloteando en mi cabeza precisamente por estos días, me encuentro con la interesante nota de
Juliana Boersner en Papel en blanco. Tiempos editoriales versus entrega, las pautas y la edición: ¿calidad versus celeridad?



Más info: Juliana Boersner.
Calidad y tiempos editoriales

2008/01/30

Taller Madame Bovary



Reproduzco acá la nota publicada por Eva Paris en uno de mis destinos favoritos: Papel en blanco. Me resta el invitarles a disfrutar la interesante travesía que significa poder seguir de cerca el proceso de creación y edición de un genial y atormentado Flaubert sobre una de sus obras más complejas (y conocidas): Madame Bovary.
Que lo disfruten.

Comenta Eva:

L’Atelier Bovary o Taller Bovary es un espacio en el que podemos acceder al texto de la novela de Gustave Flaubert de muy distintas maneras. En 2003 se llevó a cabo una digitalización de alta definición de los manuscritos de Madame Bovary, conservados en la Biblioteca municipal de Ruán. Así se inició el proceso de transcripción de todo el corpus textual, al que ahora podemos acceder desde esta página.

Tenemos tanto el texto definitivo de Madame Bovary como los guiones y borradores previos, pudiendo seleccionar un pasaje en concreto y acceder al borrador correspondiente. También podemos buscar palabras, fijarlas en su contexto, consultar el índice de los nombres propios (personajes, lugares, referencias culturales)...

Las diversas voces narrativas y el léxico dialectal (de Normandía) también se pueden rastrear capítulo a capítulo, así como seguir y situar en mapas geográficos los lugares evocados en la novela. También es posible conocer la evolución de las transcripciones digitales, a los responsables de las mismas… En fin, toda Madame Bovary al alcance de un click, eso sí, para los que dominen el francés.

Sitio Oficial | Zoulous.com


2008/01/11

Wikilengua en español

Ayer se presentó en Casa de las Américas la wikilengua del español, un site interactivo y participativo sobre la lengua española, diversidad, gramática, ortografía y estilo -ojalá no descuellen los mismos desatinos e incongruencias que la wikipedia- que cuenta con el empuje de la Fundéu BBVA y la participación de la RAE.

Me enteré por el flaco, que vio la nota en el telediario de la tve. Admito que me atrapó la sección referida al léxico, así que este fin de semana dedicaré algún tiempito a navegar y conocerla mejor.

Para más info, las notas de Reuters

El País: Nace la Wikilengua para resolver dudas sobre el uso del español

Clarín: Nace la Wikilengua, un sitio para despejar dudas sobre el uso del español

ABC: Wikilengua: una para todos...

El mundo:
Nace la Wikilengua para compartir los conocimientos del español en Internet

2008/01/09

La palabra: problema particular


Escribe, sí, pero de lo que yo hago y sólo como lo hago yo

El Diccionario de Autoridades (1726-1739) estableció fijar el idioma e impedir la “descomposición” de la Lengua. En su criterio normativo y prescriptivo, se evidenció el purismo desde el que se concebía el registro y la norma. Según Lázaro Carreter, el casticismo como norte del estudio del léxico pretende (aún) resucitar el pasado lingüístico nacional: “El purismo no es otra cosa que la faceta negativa de esta actitud destinada a rechazar la intromisión de vocablos nuevos, procedentes de otras lenguas o de creación personal”.

Este carácter normativo se erigió como metodología de trabajo y elaboración de los repertorios lexicográficos y vocabularios. El diccionario, antes que cualquier otro producto de carácter editorial, es una praxis que trasciende su función de libro objeto para convertirse en un objeto con valor social, un “objeto sociocultural” como lo definió Dubois.

Desde la Academia, y luego con el DRAE, el diccionario más conocido y erigido como reflejo fehaciente de la norma, se popularizó la creencia de que las palabras existen y se ajustan al uso debido si están contenidas en sus páginas. Si por el contrario, no existe, que es el término que se emplea comúnmente para señalar a un vocablo que no está documentado o cuya acepción no responde al criterio que se esperaba, entonces pareciera que es mejor enmudecer antes de pretender de nuevo el uso de esa palabra que no está aceptada.

¿Aceptada por quién? “Limpia, fixa y da esplendor”. Explicar la máxima que acompaña a la Academia sería tautológico. Para Dubois, la función de un diccionario es definir la norma lingüística: “el diccionario autoriza palabras, construcciones y sentidos, integrándolos en el `uso´ de la comunidad”. Fuerza de ley, acto de fe. Finalmente se comprueba lo que en ocasiones hemos llamado, parafraseando a Casares, el “didactismo” del diccionario: por un lado, enseña, más allá de socializar un significado, o como afirma Calvo, resuelve no sólo dudas semánticas, sino ortográficas, aunque en el lector deba existir una prefiguración de la escritura de la palabra antes de otear sus páginas. Por otro lado, el diccionario regula: el diccionario se convierte en garante y guardián del uso, so pena de creer entonces que las ausencias y las fallas son de la Lengua, más que del libro consultado o reverenciado.

Para Rey-Débobe, el diccionario no sólo enseña las informaciones que transmite directamente sobre los signos y las cosas, también hace uso de otros medios que aparecen más o menos escondidos en sus páginas. “Por ello, la fuerza social que pueden alcanzar las obras lexicográficas lingüísticas o no, como en el caso de la Enciclopedia francesa”.

En la lexicografía contemporánea no sólo se enriquece el pasado, si no que también se comprueba y se elimina lo inservible, afirma Casares. “En este sentido, nuestra Academia ha sido, en su proceder, modélica, por más que existan en sus diccionarios laguna o fallos, fácilmente explicables”. Lo de fácilmente, lo subrayo y objeto. Ya dedicaré espacio para este tema más adelante.


Sobre la definición de definir y lo definido

Para Lázaro Carreter el diccionario da cabida a todas las palabras y a todas sus clases. El contenido de cada entrada, afirma, “tiene carácter sémico, no es una cosa: los elementos inventariados tienen el carácter de elementos de la lengua”. La definición supone el análisis sémico. En el sentido amplio de la concepción de una definición, lo ideal es incluir informaciones de tipo morfológico, etimológico, pronunciación, niveles de la Lengua, elementos diatópicos (mas no diastráticos) y toda la información posible que pueda atender al usuario del diccionario y que facilite su consulta.

Fernández Sevilla opina que para exista una definición adecuada no podrán faltar los rasgos sémicos constitutivos, los opositores y los diferenciadores, además de sus posibilidades combinatorias. “La definición, -continúa- es un predicado de la voz de la entrada en el que están presentes esas condiciones, y suele tomar la forma de una fase endocéntrica equivalente en el plano gramatical del término que figura en la entrada”. Resulta necesario entonces incluir en la definición ciertas informaciones enciclopédicas, locativas y temporales frecuentemente, buscando no desasistir al usuario en su búsqueda.


En realidad, el usuario del diccionario, en raras ocasiones, es un especialista; luego, los diccionarios no se generan a partir de la existencia de lectores especializados. Sin embargo, el lector común la mayoría de las veces ni siquiera ha reparado en la guía del usuario o en las abreviaturas. El usuario que acude a resolver una duda, pareciera, en algunos casos, una víctima a la que contribuye su propio desconocimiento de la herramienta. Si frente al DRAE existe una vastísima cultura de reverencia, resulta lamentable imaginar el panorama en el que ubicaríamos a consumidores de productos plenos de repertorio lexicográfico que responden a criterios editoriales o amores furtivos de diletantes, más que a labor de especialistas.


La destreza científica del lexicógrafo

Así como los usuarios comunes de los diccionarios meten en un mismo saco y confunden nominalmente al léxico con vocabulario, gramática con lingüística y semántica; convierten a una fuente de consulta en ente rector de las convenciones y los usos. Para Bosque, el desconocer la utilidad del diccionario es sesgar el enriquecimiento y perfeccionamiento de la expresión idiomática, que no es si no “el soporte y medio de su facultad de raciocinio, que le permitirá, entre otras cosas, el desarrollo de su propia libertad”.

He ahí una de las tareas del lexicógrafo. Proporcionar medios e insumos para generar materiales didácticos, más allá de la norma y las restricciones, mientras evita la prescripción como génesis de su investigación. Predicar contra la falsa creencia de que las palabras mueren o que la lengua se degenera. No está fácil. La pregunta es la misma: ¿desconocer al DRAE? No, no lo creo. Conocer y elegir, respetar el uso ante la convención en algunas ocasiones.

Tampoco se trata de un esfuerzo mimético por revivir el lenguaje, so pena de sufrir la tragedia de Funes, el memorioso funesto que de manera magistral retrató Borges en uno de sus relatos. Existe una metodología cuyo origen se debe a la Academia y que ha permitido desarrollar una línea coherente de investigación y tratamiento del léxico, además de la elaboración de artículos lexicográficos. Si algo advierte el cartel de entrada es que la lexicografía no es labor para diletantes.

La ampliación de las líneas de investigación referida a los usos regionales y particulares vislumbra el camino para quienes trabajan con y sobre el léxico; para ello resulta indispensable incentivar el trabajo de manera coherente con criterios estadísticos y fundamentados, mientras atendemos a la norma, en la mayoría de los casos, sólo para referencia.


2008/01/04

Un coctel sin acento, por favor*



Cuando se plantea la necesidad de que la política lingüística y la política educativa elaboren fundamentos de convergencia sistemática para afrontar el desafío de una formación lingüística sin limitaciones ni censuras, se está sosteniendo aquí la convicción de que pueden darse propuestas que no involucren la estigmatización del habla materna no estándar y la marginación de sus hablantes, que por el contrario sea capaz de romper el circuito de transmisión de prejuicios ideológicos socialmente desautorizantes.


Roberto García y María Teresa Genisans**



Día normal

Para quien ejerce el trabajo de corrección y edición, cada texto susceptible a modificación (ortográfica, tipográfica, ortotipográfica o de estilo) implica el poner en tela de juicio todos los conocimientos adquiridos, y, al mismo tiempo, echar mano de todo lo aprendido, visto, saboreado, escuchado y vivido para lidiar con el campo inasible de lo metalingüístico. Como quien recibe en herencia un mito enriquecido por la tradición oral, creemos o confiamos en que el mejor aliado para esta tarea es, sin duda, el diccionario. Uno bueno, por cierto.

Los que lidiamos día a día con el lenguaje, (¿quién no?) sabemos que hasta en el mejor de los casos el diccionario no “responde” o el “concepto” se ajusta a un ideal de significado que en vez de salvarnos, enreda o abandona. Interesante. ¿Qué buscamos en el diccionario? ¿El registro (uso) o la norma (cómo debe usarse)? Sea lo que haya motivado nuestra búsqueda y parafraseando al doctor Colmenares del Valle, acudimos al diccionario para resolver una duda. Así de simple.

¿Dudar?, quizás

Hace unos añitos tuve la suerte de formar parte de un equipo de investigadores, antropólogos y editores en torno al desarrollo de una base documental concerniente a patrimonio. Para cuando nos integramos a este ambicioso proyecto, aún se discutía sobre usabilidad, interfaces, recopilación, diseño y manejo efectivo de la información.

Tarea nada sencilla nos tocó a los editores, al enfrentarnos con la necesidad de generar una plantilla para elaboración de fichas a partir de un modelo propuesto por los técnicos. No fue fácil concebir un modelo de redacción, pero entusiasmados acudimos a un proceso de “cambiar el caucho con el carro rodando”. Con aciertos y desaciertos, claro, instrumentamos pautas orgánicas frente al vacío de precedentes, fórmulas arquitectónicas o en el peor de los casos, de la inexistencia de una metodología adecuada a este propósito.

En realidad, ahí no estaba planteada ni de anteojito la peor de las dificultades. El encontrarnos con términos diatópicos y diastráticos como casabe, cazabe, sapoara, zapoara, hallaca, hayaca, jojoto, manjar y bienmesabe, dulce de leche o dulce e´leche, entre muchos otros, evidenció, por una parte, la ausencia de un corpus que dé cuenta de nuestro ámbito lingüístico. Por otro lado, nos hizo comprobar la inconsistencia o inexistencia de estudios pormenorizados sobre nuestros usos, acepciones y voces venezolanas o americanas.


Cóctel o coctel


En las reuniones del equipo de producción editorial pueden superarse escollos semánticos y ortográficos gracias a las interminables discusiones sobre palabritas. En mi caso, me volví un poco obsesiva (lo confieso) con el uso normativo de /cóctel/ y la tendencia de colocarle el acento grave en vez de la entonación aguda, distinción acorde con nuestra competencia (habla). Llevé mi /cóctel/ bajo el brazo como caso a considerar y una de mis compañeras, una editoraza, me hizo ver la luz al final del túnel.

Si revisamos los artículos lexicográficos de ambos lemas en diccionarios normativos como el DRAE o el DPD, no hay duda del uso: ambos admiten en forma indistinta las dos grafías. Sin embargo, aún me enfrento con la resistencia de muchos en aceptar el “uso” de la forma /coctel/ en textos que me corresponde editar, y que van desde una simple invitación a una fiesta hasta el brindis post bautizo de un libro. Socialmente tenemos miedo a “romper” la norma, ajustándonos a la camisa de fuerza que implica lo que creemos prácticas correctas del lenguaje: aunque no hablemos de esa manera preferimos, en último caso, pasar por afectados y disfrutar del brindis sin tanta quejadera.

“Un cóctel es una fiesta durante la tarde, por eso derivamos la lexía compuesta `traje de cóctel´”, me comentó una compañera. “Uhm…” dije. “¿Toman cócteles o cocteles?...” fin de la discusión.

Luego, si existe la acepción "aprobada" de la palabra y el diccionario no registra las posibilidades "comprobadas" de uso, quedamos inermes frente a la duda. En mi caso, opto por no ser purista strictu sensu, y no rechazo de plano las posibilidades de innovaciones o usos “marginales”. Con lo que implican los tiempos de producción editorial, trato de atender a cada uno de los casitos con el mayor de los cuidados, buscando una síntesis que satisfaga ese cuidado por preservar,—ojo, no prescribir— usos, sin creer que atender a nuestras particularidades como hablantes significa atentar sin remedio contra la lengua o peor aún, contra las buenas costumbres.


* Reeditado y publicado para la entera satisfacción de mis lectores.

* *En: El cerco del prejuicio en Lingüística y Educación


2007/12/07

Mejor lee: campaña para libreros y usuarios

Gandhi es una librería mexicana que apostó por desarrollar creativos planes para atraer lectores y consumidores. A propósito del enamoramiento que disfruto actualmente con esos geniales pollitos de Gerald Espinoza que adornan más de una vitrina de las librerías locales, les dejo este álbum que forma parte de una de las campañas de la librería mexicana. (Hasta que consiga uno de los pollitos, claro)

Que lo disfruten... (si no puedes verlas todas, pincha en la imagen, vale?)

2007/09/25

La moda también ayuda a vender libros*



No bastan revistas, consejeros, gurús de la moda o arriesgarse el futuro tras el saldo de las tiendas a mitad de año. Al alcance del bolsillo se encuentran clásicos, guías y manuales para el rescate de las féminas que aspiran a convertirse en seductoras con estilo y mucho charme


La industria de la moda se mete en casi todas partes. Incluso en el mundo editorial. La oferta de libros que apelan a la necesidad de hombres y mujeres, pero sobre todo a éstas últimas, de lucir bien y de manera novedosa es un filón nada despreciable, y se reproducen las publicaciones que buscan a quienes desean mudarse en fashion victim. Utilizan anzuelos como descubre, te ayudamos a elegir, te contamos los secretos, revelamos, conoce lo último, etc. Es una receta que no sólo apunta al consumo; a través de la exposición reiterada y sistemática de casos célebres se refuerza la idea de la accesibilidad y de una necesidad casi urgente de armarse de los aparejos volubles y finitos que nos revelan los expertos.

Mientras que por un lado se apuesta por publicitar lo más reciente y se instituye lo novedoso como dictamen, por otra parte se editan obras dedicadas a concebir al estilo como actitud vital que trasciende a la pasarela de temporada. Desde el año 2006 se han reeditado y publicado obras relacionadas con clásicos vinculados, directamente o no, al tema de la moda. Debolsillo apostó por la cuarta edición del clásico Desayuno en Tiffany´s (1950) con un fotograma de la versión fílmica de 1961, dirigida por Blake Edwards.

En la portada, sonríe Autrey Hepburn embuida en la prenda más costosa elaborada para un filme: el vestido negro de Givenchy que lució la actriz y que hace poco se subastó en más de 900 mil dólares. Con esa imagen, un icono del glamour de los 60, Debolsillo apelaba a una lectoría ajena a la tradicional de Capote, usando el gancho de la moda.

Charme y Absolutamente glam, de Javier Vergara Editor-Ediciones B, van por lo mismo: desde distintas perspectivas se atiende a la mujer que exige encontrar el estilo propio fuera del desfile, con la premisa de que lo que se presenta en las pasarelas o a prensa especializada (casi) nunca corresponde a la que vemos en nuestras calles o frente al espejo. Cada uno de estos títulos inscritos en literatura chic apunta a convertirse en manual de ayuda para el público femenino que busca construir su sello, consolidar su estilo y recrearse en páginas concebidas para consentir a aquellas féminas que, cansadas de sentirse mujeres convencionales, apuestan por diferenciarse.


Emulando a Holly


El vestido negro es un aliado sin discusión aparente ni prescripción facultativa. Aunque la historia oficial del diseño ubique su origen en el taller de Coco, durante el año 1926, este hijo legítimo de la Chanel, conocido como el “Ford de la moda, debido a su elegante y esbelta línea” inspiró a otros grandes diseñadores como Dior y Givenchy, creando una impronta de seducción y belleza en una lista de actrices que iban desde Vivien Leigh, Martha Graham, Elsa Schiaparelli, Jean Harlow, Greta Garbo, Betty Boop, Joan Crawford, Rita Hayworth y Marilyn Monroe hasta Jayne Mansfield y una húmeda y sensual Anita Eckberg inmersa en la majestuosa y popular fontana di Trevi en el filme La dolce vita.

Le tocará a la actriz Audrey Hepburn convertir el vestidito negro en un clásico. Compartiendo espacio con los créditos que abren Breakfast at Tiffany´s, la actriz baja de un taxi que se detiene en la quinta avenida y camina de manera somnolienta mientras que unas dulcísimas y nostálgicas notas del tema “Moon river” acuden a la luz de una mañana aún nebulosa. Tras algunos pasos, se detiene frente a las vitrinas de la joyería Tiffany de la calle 57 y saca de una bolsa de papel lo que parece ser su desayuno. Con esta secuencia la actriz se convirtió en súmmum de la elegancia y la sobriedad, del buen gusto y estilo.

Holly Golihgtly, nombre del personaje central de la obra de Capote, no es sino el alter ego de Marilyn Monroe, gran amiga del autor de A sangre fría, cuando era una desarraigada Lulamae Barnes que se alejó del campo como una Madame Bovary irredenta para hacerse de una vida digna y famosa en la gran ciudad. Holly cuenta con su encanto, con un estilo propio que la hace distinguirse del resto y ser reconocida hasta en la prensa como actriz, starlet hollywoodense o joven del gran mundo. Y aunque la Holly de Capote desaparece de su calle suscitando rumores y mitos urbanos que la ubican posiblemente en Tococul, o como cazafortunas en Río de Janeiro, esta “chica bien” dista en algunas acciones de la espigada y enamoradiza Holly del filme, la versión más conocida, digerible y socialmente aceptada del personaje. Se cuenta que en alguna ocasión el propio autor deseó que fuera Marilyn y no Audrey quien representara el papel de esta heroína con moral natural y corazón a prueba de balas. No obstante, el rostro estilizado de la fresca y hermosa Hepburn trascendió hasta convertirse en el icono de la mujer que se reconoce bella, seductora y libre: la miss Golihgtly, viajera, la que se define como una farsante auténtica.

Pareciera que estos elementos nacidos de la literatura y llevados al cine aparecen transversalmente en todo cuanto se escribe sobre glamour y tendencias. De una u otra manera siempre se vuelve a Audrey, al vestido o a la secuencia inicial del filme Breakfast at Tiffany´s como indicios recurrentes de una historia que si bien es contemporánea, se venera como a un clásico no sólo en la historia de la imagen, sino en la historia del fashion: un Olimpo con mucho estilo al que no todos pueden acceder.


Las no reglas de la seducción


Cinzia Felicetti es periodista y ex directora de la revista Cosmopolitan, la Biblia comercial sobre comportamiento femenino y catálogo de consumo que desde los años 70 ha orientado las preferencias, sonrojado o sorprendido a más de una lectora con comentarios explícitos sobre sexo, pareja, fetiches o imaginería femenina y masculina. Aficionada a la música y a la historia, escogió diez imprescindibles del vestuario sobre los cuales construyó Absolutamente glam: el vestidito negro, el tacón de aguja, el trench, la blusa blanca, el bolso, el jersey de cachemir, el collar de perlas, los vaqueros, la t-shirt y la barra de labios. Tras cada pieza seleccionada, Felicetti arma el certificado de nacimiento y el pedigree de la prenda; presenta un recorrido mitológico por el uso, acude a fuentes acreditadas y tras un sinfín de anécdotas e historias, plantea varias secciones donde aconseja qué comprar, cómo llevar, que no se debe hacer, qué tomar, la banda sonora, la pareja ideal para apreciar y compartir la pieza y qué bebidas son acordes al uso. Por ello, si bien la barra de labios es el cosmético más apreciado e imprescindible, los jeans gastados van bien solo si tienes al lado a un acompañante como Johny Deep. Con un collar de perlas, no obstante, cambia todo: la bebida sólo puede ser champán y la música admite sólo a divas certificadas como Prince o Norah Jones.

Charme, secretos de una seductora (casi) irresistible es un título que puede resultar atractivo sin necesidad de adjetivos. Para su autora, Patricia Gucci, cualquier persona, incluso una aparentemente torpe, puede seducir sin remedio: convertir su encanto, su charme, en una opción triunfadora. De allí que la premisa del libro sea que no existen reglas para la seducción. La primera regla es que no hay reglas.

Charme está dividido en tres partes: en la primera encontraremos la preparación necesaria para la seducción, algunas claves para seducir con la sencillez de un ajustado vestidito negro (de nuevo) muy sexy, perlas, tacón alto y una fina capa de rojo encendido en los labios. Comprar, más allá de un hábito compulsivo, resulta en esta obra un ejercicio a todas luces liberador. El shopping implica un ejercicio que favorece la autoestima tras su carga de espejos y elecciones de bienestar: toda una sesión terapéutica que produce, casi siempre, placer.

Luego, aparecen las seductoras y los seductores para armar la segunda parte de la obra, los estereotipos y los lugares comunes: el manager, la ama de casa, la celosa posesiva, la famosa, la single, la divorciada y la vegetariana, desde los roles femeninos, y el hombre de uniforme, el playboy, el intelectual, el empresario, el nuevo dandy, el padre single y el gay, desde la fauna masculina.

Finalmente, aparecen en Charme ejemplos de atracción: unos felices, otros no tanto, pero tan reales y disparatados como pudiera imaginarse, tan variopintos como seductores y seductoras hay en el mundo. Consejos sobre proximidad y acercamientos, relaciones entre personas del mismo sexo, cuando creemos encontrar al ángel caído del cielo o cuando la historia terminó sin haber superado la primera cita, los títulos que adornan cada caso bien pueden ilustrar algunas situaciones comunes en esto de buscarse y acecharse. Finalmente, aparece un pequeño capítulo llamado “la sal de la vida está en vuestras manos”: un canto esperanzador de alegría y de carcajada liberadora que nos invita como lectores sapientísimos a no resistirnos a la seducción en pleno que no es otra cosa que la vida en sí misma.

A pesar de la presencia subyacente de la moda, los consejos se articulan en una red de acciones que incluyen actitudes, cuidados y adminículos que revelan una cuidada intención estética. La libertad de quien ejerce el papel de seductor o seductora, similar a la de las heroínas como Holly y su declaración de autonomía amorosa, depende de la existencia de un seducido o seducida. Por ello, tras cada situación aparece un relato como ejemplo para la aplicación de lo que se recomienda buscar o desea evitar: una guía para sortear algunos escollos en el camino para la perfección del arte de la seducción al mejor estilo de un manual de autoayuda.


*Publicado en El librero, número 13. Septiembre, 2007.

2006/12/28

Seducir a nuevos lectores



Entre las falsas profecías del cataclismo editorial figura, sin duda, la “muerte” del libro.

El libro, compendio físico inestimable, de volumen considerable o escuálido, es para algunos un objeto de colección, teñido de pretensiones románticas; un “aburrido” espacio de encuentro monocromático donde el único recurso telemático es la imaginación.

Frente a la lista interminable de artilugios, adminículos y gadgets innovadores que “facilitan” el encuentro y un proceso de lectura más “cercano” y multimedia, sigue el libro encabezando la conocida polémica donde los unos preconizan su desaparición en aras de desarrollo tecnológico y los otros plantean la necesidad imperiosa de cambiar, evolucionar o crecer, ser y parecer algo más que un libro.

Captar, seducir, fomentar, promover lectores no es tarea fácil. Los usuarios cambian, cambia el lenguaje, cambian las historias, aparecen modas y el discurso semiótico atenta contra el “esfuerzo” de imaginar, comprender, interpretar y aprehender. Entonces el libro no puede escapar a la disyuntiva de adaptarse o desaparecer.


Experiencias en el aula

Durante casi toda mi vida docente he trabajado con tercera etapa. Interactuar con pre adolescentes (con hábitos de lectura deformados o prejuicios) no es sencillo, pero conocer aunque sea por aproximación su imaginario es vital para captar a esta audiencia, de la que se puede aprender no poco, por cierto.

Si algo es inaceptable para mí es la pretendida idea de que los manuales de Literatura parezcan compendios enciclopédicos y las palabras deban tener carácter de sentencia, sin posibilidades de interpretación o confrontación (a veces de significación, incluso).

Antes del boom reciente de las editoriales de ampliar y consentir a sus usuarios e invadir aulas con contenidos sensoriales, poéticos, ensayísticos diversos y atractivos ajustados al currículo, me tocó enfrentarme hace algunos añitos con muestras editoriales sin revisiones o actualizaciones, anquilosadas y prescriptivas.

Podría contar muchas experiencias de aula en consecución de objetivos que lograron convertirse en aprendizajes significativos. Recuerdo un par de promociones de primer año de ciclo diversificado donde el nivel de lectura era bajo, los chicos eran (¿?) dispersos y los proyectos científicos acaparaban su esfuerzo y su atención, lo que me colocaba en desventaja, por supuesto. Nos tocaba “enfrentarnos” en ese momento con narrativa latinoamericana y la saga de los Buendía. Antes de tratar de someterlos a una lectura que exige un considerable esfuerzo por parte de un lector desprevenido, decidí apostar en primer lugar por otra muestra más “sencilla”; la inolvidable novela de amor y misterio Del amor y otros demonios, leyenda inspirada en la marquesita de La Sierpe y de quien el Gabo tuvo noticia, adaptando luego la historia al dominio de su impecable realismo mágico.

A los chamos les encantan las historias de amor, vampiros, el relato fantástico; esta muestra llenaba todos esos requisitos, envuelta en una narración breve y cargada de humor y misterio. Luego de ese abreboca, la comprobación de lectura suponía más que un acto de interpretación memoriosa: implicó leer, degustar, relacionar e identificarse con contenidos y niveles de la historia, conocer al autor, opinar. El Gabo se convirtió en favorito para mi pequeña audiencia, sin duda.

Durante el 2005, tiempo ha de aquel encuentro, tuve la feliz experiencia de compartir con cursos en los que la exigencia de contenidos era mayor. Recuerdo con especial cariño la labor de mis alumnos y alumnas de segundo año del ciclo diversificado al conocer la literatura decimonónica y contar con Noches de pesadilla, una antología de cuentos de terror como material idóneo para realizar estudios de intertextualidad. Contar con catálogos de ofertas editoriales facilita la tarea tanto del docente como del alumno. Creo firmemente en que hay que enamorar al alumno de la literatura y de la lectura, pues un contenido de la materia que no resulte seductor o críptico puede alejarlos de la experiencia lectora para siempre.

El principal escollo de este tipo de encuentros felices es que en su mayoría los chicos se resisten a consultar el diccionario y prefieren someterse a una percepción errónea de contexto antes que “investigar” sobre la acepción exacta del término en la lectura que realizan. Sin hablar de la seducción del celular, el msn, Internet, el iPod, y cualquier herramienta que no implique concentración ni esfuerzo y que resultará siempre más atractivo, fácil y cercano. Ahí entra otra vez el docente con su espadita de papel bajo el brazo. Hay que convertir al diccionario en aliado imprescindible, así como hablar, referir y aconsejar sobre libros en un sinfín de invitaciones a leer para quienes fungen de auditorio. No entiendo a veces como existen profesionales que esperan “actitudes lectoras” en los demás si menosprecian el acto literario, la creación escritural o peor aún, a pesar de los esfuerzos por denominarse “escritores” “poetas” y aparentar una profundísima sapiencia, no leen. Esta contradicción siempre se hará evidente, por más palabras yuxtapuestas o giros rebuscados. Y los nuevos lectores son implacables, por cierto.

Supone entonces una tarea primordial acudir a herramientas esenciales alternativas como lecturas, simulaciones, películas, diccionarios, muestras artísticas, viajes culturales y biografías, así como de la disposición del docente como guía y reflejo de lo que afirma, no en su antítesis. Conocer de todo, reflejar lo que dice, contar con lo que cuenta.