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2013/08/31

En resumen

Estoy ordenando las miles de carpetas que guardo celosamente en mi MacBook. Hay tantas imágenes recopiladas durante los años en los que la fiel Canon estuvo conmigo, que presumo ordenaré durante meses. Por otro lado, extraño mi blog y deseo ante todo, pasar la página agridulce de mi más reciente post.
No obstante, quisiera compartir algunas capturas que hice entre el 11 y el 14 de abril, especialmente durante la crisis técnica y tecnológica que oscureció el resultado de las elecciones presidenciales.
No, no es masoquismo; muy al contrario, nunca antes había sentido tan presentes los sabios consejos de Edgar del Valle sobre la fotografía de las palabras.












2008/10/01

Gradueichion

Ya he expuesto sesudamente en este espacio mis ideas acerca de la Lexicografía como ciencia y campo de estudio, como ojeto y hasta como pasión académica teñida de idealismo. El pasado 26 de septiembre asistimos finalmente a nuestro acto de graduación del postgrado en el Salón Rojo de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Con el diploma en la mano, se cierra el proceso de las clases y el intercambio; ahora se abre la puerta para desarrollar los proyectos de investigación y publicación que nos trazamos durante estos dos años. Tamaño compromiso, nojuegue.
La gordita (mi pequeña Andrea) vivió conmigo el último semestre del postgrado, la hechura e interminable corrección de la tesis y los abrazos, mimos y cuidados de mis compañer@s. Recuerdo uno de los días en los que Sebas me acompañó a clases y aprovechamos la oportunidad de indagar sobre el uso del diccionario en manos de un chico de siete añitos (para aquel entonces). Encantador y parco a la vez, Sebas nos contó de su relación con su pequeño diccionario y hasta nos recitó la lista más reciente de búsquedas...
Desarrollamos en colectivo una implacable relación de admiración y cariño con nuestro profe, tutor y coordinador, Edgar del Valle Colmenares y asistimos a clases dictadas por notables figuras del ámbito lingüístico y literario de nuestro país como Zayda Pérez, Luis Barrera Linares, Francisco Javier Pérez y Germán Flores, entre muchos otros. De lujo, pues.
Entre las fotos que abundan de nuestro momento paparazzi me quedo con ésta. Ya no sabíamos a dónde mirar y empezábamos a hacernos chistes. La sesión completa que hizo Sebas (el fotógrafo oficial siempre presente en los magnos eventos) está en el facebook.
¡Felicitaciones!





2008/02/13

Cervantes televisión: la lengua española "al aire"



Desde el 12 de febrero, y en pleno corazón de Madrid, comenzó sus emisiones el nuevo canal de televisión con cobertura mundial vía Internet referido al español y la cultura iberoamericana: cervantestv.es, un proyecto del Instituto Cervantes en el que podremos disfrutar de una programación continua compuesta por documentales, cultura, entrevistas, nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza del español, noticias por IP, encuentros virtuales en Second Life y hasta una futura estación de radio.
Imperdibles las actuaciones del gran Morente cantando a Cervantes y Machado bajo los acordes del inigualable Pepe Habichuela y la interpretación incomparable y apasionada de Concha Buika cantando "Volver" durante la fiesta de inicio de programación. Que lo disfruten.

Gracias Armando, por la info.

Más info: The Inquirer: Cervantes TV comienza sus emisiones
www.tvgratis.tv/Cervantes.tv

Imagen: Dakmar Hernández, 2006.©


2008/02/05

Nueva gramática de la lengua española



Académicos de la Lengua se reunirán del 28 de enero al 1 de febrero en Segovia, España, para dar las últimas puntadas al texto que, presumimos, pretende "la descripción del español de todo el mundo hispanohablante".

Desde las notas de prensa se hace énfasis en que La nueva Gramática académica es necesaria, porque la anterior es de 1931, y desde 1973, año en el que vio la luz el "Esbozo de una nueva gramática de la lengua española", no se ha publicado nada en este campo.

Entre otros datos, sigo leyendo:

En la reunión de Segovia, que estará presidida por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, y que cuenta con la colaboración del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, se abordarán las cuestiones relativas al complejo proceso de preparación editorial y se darán los últimos retoques a la Gramática.

La Gramática que han preparado las veintidós Academias de la Lengua y que ha tenido como ponente al académico español Ignacio Bosque, contará con dos versiones: una amplia, de 55 capítulos y de unas 2.500 páginas, y un compendio, de unas 500, que recogerá lo fundamental de la obra. Una y otra serán publicadas por Espasa.

El texto básico de la Gramática fue aprobado por el Pleno de las Academias el pasado 24 de marzo en la ciudad de Medellín, en la solemne sesión de clausura del XIII Congreso de la Asociación de Academias, que presidieron los reyes Juan Carlos y Sofía de España y el presidente de Colombia, Álvaro Uribe.

Será la séptima reunión de las que ha celebrado la Comisión interacadémica encargada de coordinar los trabajos de la Gramática que, durante diez años de intenso trabajo, han elaborado las veintidós Academias de la Lengua Española.

En esa comisión están representadas las diferentes Academias divididas en ocho áreas lingüísticas: México y Centroamérica, Antillas, Caribe continental, área andina, Río de la Plata, Chile, Estados Unidos y España.

Además de García de la Concha y de Bosque, a la reunión de Segovia asistirán, entre otros, el director de la Academia mexicana, José Moreno de Alba; el secretario de la RAE y responsable de la sección de Fonética y Fonología, José Manuel Blecua; Guillermo Rojo, representante del área de España; y Gerardo Piña, que fue elegido el pasado jueves nuevo director de la Academia norteamericana de la Lengua.

Más info: El mundo.es

Gracias Ale, por la info.

Imágenes: Dakmar Hernández , 2006.©

2008/01/30

Taller Madame Bovary



Reproduzco acá la nota publicada por Eva Paris en uno de mis destinos favoritos: Papel en blanco. Me resta el invitarles a disfrutar la interesante travesía que significa poder seguir de cerca el proceso de creación y edición de un genial y atormentado Flaubert sobre una de sus obras más complejas (y conocidas): Madame Bovary.
Que lo disfruten.

Comenta Eva:

L’Atelier Bovary o Taller Bovary es un espacio en el que podemos acceder al texto de la novela de Gustave Flaubert de muy distintas maneras. En 2003 se llevó a cabo una digitalización de alta definición de los manuscritos de Madame Bovary, conservados en la Biblioteca municipal de Ruán. Así se inició el proceso de transcripción de todo el corpus textual, al que ahora podemos acceder desde esta página.

Tenemos tanto el texto definitivo de Madame Bovary como los guiones y borradores previos, pudiendo seleccionar un pasaje en concreto y acceder al borrador correspondiente. También podemos buscar palabras, fijarlas en su contexto, consultar el índice de los nombres propios (personajes, lugares, referencias culturales)...

Las diversas voces narrativas y el léxico dialectal (de Normandía) también se pueden rastrear capítulo a capítulo, así como seguir y situar en mapas geográficos los lugares evocados en la novela. También es posible conocer la evolución de las transcripciones digitales, a los responsables de las mismas… En fin, toda Madame Bovary al alcance de un click, eso sí, para los que dominen el francés.

Sitio Oficial | Zoulous.com


2008/01/19

Apuntes para un aspirante a lexicógrafo


Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.

Albert Einstein (1879-1955)

Saludito de rigor

De la escuela de Letras de la UCAB tengo recuerdos significativos; como el aprender y aprehender con Ítalo a amar la literatura hispanoamericana y el periodismo cultural; sufrir y gozar con los exámenes a punta de diapositivas en Historia del Arte, ensoñar con los místicos de la mano de Basilio Tejedor y llorar al Quijote en la voz de Ernestina Salcedo. A Miriam Valdivieso le debo la obsesión con México, a Francisco Javier Pérez la fascinación por la literatura decimonónica y a Mariela Mata mi evasión de antaño frente al análisis pormenorizado del lenguaje, etimologías y cualquier trasunto de tipo lingüístico.

Por una extraña y afortunada sucesión de hechos coincidentes ese temor se fue diluyendo, y el lenguaje se volvió amable y las palabras, seductoras: enlazadas como cerezas en una fuente plena como la que ofrece un sonriente Álex Grijelmo.

Formar parte del Programa de Estudios Avanzados en Lexicografía resultó, en sí misma, una historia lineal sin subtramas o conspiraciones del destino. Gracias a una compañera de trabajo me enteré de la existencia del postgrado y un día, después de admitidos los papeles y realizados los trámites de rigor, me encontré frente a frente con un señor de mirada firme, boca líneal ligeramente curvada hacia arriba en gesto de kuroi y frases breves, como sentencias, como aquélla que sin variaciones en su emisión de voz me soltó sin contemplaciones “ésta no es labor para diletantes”.

De aquella minúscula oficina del piso 1 salí sintiéndome, por supuesto, no sólo diletante, sino con una puntada de miedo justo en la boca del estómago que aún no cesa.

El único consuelo, parafraseando a Disraeli, (1766-1848) parte del reconocimiento de las debilidades: “ser conciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”.

Mi amigo el diccionario

En su discurso de incorporación como individuo de número a la Academia de la Lengua, Edgar Colmenares del Valle afirma que “hay diccionarios que forman parte de la familia”. Pareciera común la defensa casi patrimonial del diccionario, así como la creencia un poco romántica de que mientras más antigua y certificada resulta la edición, más autoridad encierran sus páginas. De allí que varios estudiosos coincidan en que no es casual que Larousse, DRAE, Sopena y las Enciclopedias Salvat reciban trato familiar y respetuoso en nuestros hogares.

Para el lector común, un diccionario es un producto editorial con características específicas de lenguaje y distribución de la información que puede reconocer desde que abre sus páginas: palabras distribuidas en orden alfabético, información en columnas, términos guías en la foliatura, dibujos, láminas, una fuente tipográfica característica. Para realizar la búsqueda, el usuario sólo debe conocer la ortografía de la palabra. Conviene, entonces, que el diccionario comunique una información veraz, que, siguiendo la idea de Ortega y Gasset, delimite los predios de la verdad; que sea fuente de un mensaje que no se desvirtúe con observaciones, ideologías o con informaciones que en nada atienden al lector y que, como hemos dicho, desvirtúan la misión del texto de consulta: resolver una duda.

El 25 de noviembre de 2006, el profesor Colmenares nos invitó a elaborar un artículo lexicográfico (una definición) que diera cuenta del lema refresco. Confieso que retumbaron en mi cabeza frases que le adjudicaba al “lenguaje del diccionario”, como “dícese” o “voz que se usa”… Ahora, después de unos cuántos meses, me alivia el no haber cometido ese disparate, al menos:

Refresco: Bebida gaseosa compuesta por agua carbonatada y colorante que se usa para quitar la sed y en algunos casos como artículo de limpieza o desinfectante.

En este punto, sólo después de provocar algunas sonrisas, confundir el objeto con la función, no tomar en cuenta el hiperónimo, incluir rasgos enciclopédicos y no distinguir las acepciones, comprendí la vital importancia y pertinencia de cada uno de los detalles ortotipográficos y de rigurosidad metodológica que contiene el diccionario y cuya inexistencia denotan, a simple vista, la ausencia de un lexicógrafo.

No obstante, la definición elaborada como ejercicio lúdico muestra una parte mínima del problema: frente a la industria editorial y la falta de rigurosidad científica también hay que sumar la tendencia normativa, prescriptiva o tradicional de asumir el registro y elaboración de los diccionarios.

Apostamos entonces al estudio del lenguaje pero también a sus variaciones, a incluir en la definición los rasgos pertinentes, estableciendo como punto de partida una metodología rigurosa y la coexistencia de las variaciones y el uso, los rasgos sémicos y constitutivos, además de otras informaciones relacionadas con la geografía lingüística de las que se pueden obtener datos valiosos.

Para Julio Fernández Sevilla, la definición debe constituir un modelo general y abstracto, donde no se aspira a descubrir la verdad, puesto que la definición no se orienta a descubrir la verdad, sino a aprehender la visión que la comunidad ha configurado de la realidad a través de la lengua.

Lexicógrafo (a) venezolano (a)

Dice Colmenares del Valle que hay que sentir la vida con dedicación, honrar la vida para que sea un instrumento adecuado para el trabajo, por muy utópico o quijotesco que nos parezca el propósito del mismo. Así mismo, existen repetidas referencias a lo largo del curso que nos remiten al ansia de perfección de la que habla Henríquez Ureña, como única norma que guía nuestro trabajo.

Actualmente vivimos un momento particularmente importante en cuanto a asuntos del lenguaje se refiere. No sólo han cambiado los referentes a nivel de nomenclatura, sino que han surgido nuevas realidades que necesitan nombrarse y definirse. En ningún momento había cobrado tal significación la necesidad de atender a la naturaleza semiótica del signo, a la necesidad de definir y contextualizar fenómenos que se nombran o necesitan ser nombrados.

Frente a este vacío pareciera que el lexicógrafo es una especie de garante de la memoria que más allá de atesorar, pretende enlazar las voces con los usos, la tradición con los avances y ordenar este caos para que resulte en armónica coexistencia siempre dispuesta a pernearse, a mutar y enriquecerse.

Como parte de su riguroso estudio del lenguaje, deberá atender a los equívocos, a las variaciones, al uso y a las intenciones de analizar científicamente sistemas revestidos de intenciones ideológicas o expresiones que responden a modismos o a discursos prefabricados, cargados de mensajes y metamensajes. Frente a la cantidad de malentendidos que pueden aparecer como verdaderos detonantes y equívocos históricos, cabe imaginar cómo podían haberse evitado algunos de estos episodios si se hubiese contado con un buen diccionario a la mano. Luego, un lexicógrafo venezolano bien puede deleitarse con estos entuertos lingüísticos, que bien serían la delicia y el numen para interesantísimas veladas narrativas o como material para una novela historiográfica, como bien lo han documentado especialistas como Barrera Linares, Francisco Javier Pérez o Fedosy Santaella, entre otros.

Aún queda mucho por hacerse. El interés de la Academia de reconocer algunos usos antes de seguir manteniendo la tradición, es el impulso que permite atender bajo nuevos enfoques el estudio de nuestro léxico y sus posibilidades de realización. Desde la situación comunicativa más simple, hasta la estructura más compleja, el volcar la mirada hacia nuestro entorno implica un nuevo camino por recorrer y validar. Aunque falte tiempo para reconocer en el español panhispánico la existencia de sistemas tan válidos como el que caracteriza al español peninsular, aunado al hecho de que desde algunos espacios las Academias insistan en colocarnos bajo la lupa de la minusvalía, debe darse un primer y necesario paso, como lo es el reconocimiento de las singularidades y las especificidades de nuestro sistema dialectal, con sus rasgos fonéticos, usos, realizaciones y sus particulares regímenes de construcción.

Significantes sin significados o viceversa

Nadie va a convencerme de asignar bajo denominaciones extemporáneas o afectadas lo que mi memoria guarda y certifica bajo denominaciones inequívocas que dan cuenta de su existencia y sus rasgos. No tienen otro nombre los cepillaos que comimos algún domingo en la plaza Bolívar, mezcla risueña de hielo y jarabe depositados en vasos de plástico acanalados coronados con dosis generosas de leche condensada. No, no puedo engañarme refiriendo que pedíamos “Señor, ¿sería tan amable de darme un cepillado?”

No. La pérdida de la consonante oclusiva sonora dental [d] en posición intervocálica caracteriza a la variante /cepillao/, nos distingue como hablantes y denota un uso particular, aunque en este caso signado por la pérdida de su referente. Ahora pienso que si en algún momento hubiese pedido un “cepillado” hubiese despertado miradas de curiosidad y hasta algún comentario irónico sobre aquel exceso de afectación en la pronunciación. ¿Cómo llamar a un cepillao de colita sin restarle mérito a su sabor? Pues cepillao de colita, sin duda.

Además de registrar y estudiar rigurosamente al léxico, el lexicógrafo habrá, ineludiblemente, de erigirse en guardián del cambio y la evolución linguística. Un lexicógrafo podrá asumir objetivamente el cambio de significación y los sucesivos procesos de vigencia y resemantización que sufre cada vocablo con el tiempo. En nuestro caso, esto es una tarea urgente, dada la dinámica política, ideológica y semiótica que atraviesa nuestro país.

Hasta el infinito podrían enumerarse otras tareas del lexicógrafo: a partir de sus estudios contribuir a la noción de la identidad, trabajar bajo una metodología sistemática, científica, alejada de la subjetividad o bajo el servicio de alguna ideología. Contribuirá a la comprensión de fenómenos sociales y culturales, podrá trazar estudios diacrónicos y sincrónicos de una realidad vista a partir de la lengua: en el lexicógrafo y su participación interdisciplinaria se encuentran los proyectos que revolucionarán el estudio sistemático de las lenguas, de nuevos sistemas de consulta, de usabilidad y generación de contenidos, bien como la Estación de trabajo lexicográfico (ETL) o la más reciente Wikilengua en español, por citar sólo dos ejemplos.

Un lexicógrafo, en esencia, es quien puede dar fe no sólo del bagaje, sino que mira, atiende y registra, sin prejuicios, el paso dinámico y vertiginoso de la lengua que anda en continuo movimiento, que dinámicamente crece, se vuelve ágil, entra en desuso o se modifica de acuerdo a lo que suceda en ese tiempo y ese espacio. La recomendación más cercana y al mismo tiempo urgente para asumir el trabajo lexicográfico resulta la máxima “un lexicógrafo debe saber de todo”. Como sabemos que esta frase encierra una utopía, dotaremos de nuestra práctica lexicografía de la metodología y la rigurosidad de la ciencia, de la objetividad del científico, de la curiosidad de un niño de seis años, del oído presto y, sin olvidarlo nunca, del ansia de la perfección como única norma.

De aquí en adelante

A pesar de los defectos que aún encontramos en los diccionarios más acreditados y conocidos que resultan del trabajo riguroso de un nutrido grupo interdisciplinario en el que se cuentan reconocidos lexicógrafos, aún falta mucho por hacer en el campo de la elaboración y publicación de estos textos, objeto y praxis del quehacer lexicográfico.

Sin embargo, resulta desolador el hecho comprobado de que algunas editoriales especializadas o no en diccionarios, prefieran invertir grandes cantidades de dinero y tiempo en reeditar o fabricar productos editoriales de aficionados o especialistas en áreas del conocimiento; antes bien que podrían reunir en un grupo de trabajo editorial a lexicógrafos y otros especialistas en el manejo del discurso, la lengua y la información.

Aún falta tiempo para que como lectores y usuarios comencemos a demandar productos editoriales donde además de la calidad editorial también podamos contar con excelencia lexicográfica. Y aunque suene paradójico, ésta es la mayor fortaleza de la lexicografía actual: en el avance de los estudios del lenguaje y la apertura a nuevos procedimientos para su clasificación, está la posibilidad de romper con enfoques tradicionales y atender científicamente al estudio de la lengua; en la posibilidad de trabajar en la recolección de información y el diseño de herramientas para la consulta se generan nuevos y mejores diccionarios.

El diccionario, producto editorial revestido de autoridad propia de un trabajo científico, conserva el respeto y la autoridad de garante de la lengua y su competencia. Frente a lo que puede describirse como un boom editorial de producción de los más diversos y especializados diccionarios, la apuesta consiste en generar un boom lexicográfico, que dé cuenta de la necesidad de los usuarios del lenguaje y en nuestro caso del español, así como de las posibilidades de realización que bien definen, dinámica y cambiante, a nosotros, los hispanohablantes, latinoamericanos, suramericanos; hablantes del español venezolano, hablantes de usos venezolanos.

2008/01/12

Rapsodas en el barrio

Producto de los talleres de Arte Joven realizados en la Fundación Tomillo, el patrocinio de la Fundación Coca-Cola y la colaboración de la Sociedad General de Autores y la Fundación Empresa y Sociedad, el pasado mes de diciembre se realizó la presentación del CD Rapsodas en el barrio, un proyecto en el que quince chicos y chicas trabajaron sendas composiciones a ritmo y sentimiento de hip hop basándose en los textos de poetas clásicos como Góngora, Zorrilla, Arcipreste de Hita, Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, Espronceda, Carolina Coronado, Shakespeare, Castillejo, Lope de Vega, Tasis y Calderón de la Barca, entre otros.

En Papel en blanco: Eva París: Rapsodas en el barrio, versionando poemas a ritmo de hip-hop



2008/01/11

Wikilengua en español

Ayer se presentó en Casa de las Américas la wikilengua del español, un site interactivo y participativo sobre la lengua española, diversidad, gramática, ortografía y estilo -ojalá no descuellen los mismos desatinos e incongruencias que la wikipedia- que cuenta con el empuje de la Fundéu BBVA y la participación de la RAE.

Me enteré por el flaco, que vio la nota en el telediario de la tve. Admito que me atrapó la sección referida al léxico, así que este fin de semana dedicaré algún tiempito a navegar y conocerla mejor.

Para más info, las notas de Reuters

El País: Nace la Wikilengua para resolver dudas sobre el uso del español

Clarín: Nace la Wikilengua, un sitio para despejar dudas sobre el uso del español

ABC: Wikilengua: una para todos...

El mundo:
Nace la Wikilengua para compartir los conocimientos del español en Internet

2008/01/09

La palabra: problema particular


Escribe, sí, pero de lo que yo hago y sólo como lo hago yo

El Diccionario de Autoridades (1726-1739) estableció fijar el idioma e impedir la “descomposición” de la Lengua. En su criterio normativo y prescriptivo, se evidenció el purismo desde el que se concebía el registro y la norma. Según Lázaro Carreter, el casticismo como norte del estudio del léxico pretende (aún) resucitar el pasado lingüístico nacional: “El purismo no es otra cosa que la faceta negativa de esta actitud destinada a rechazar la intromisión de vocablos nuevos, procedentes de otras lenguas o de creación personal”.

Este carácter normativo se erigió como metodología de trabajo y elaboración de los repertorios lexicográficos y vocabularios. El diccionario, antes que cualquier otro producto de carácter editorial, es una praxis que trasciende su función de libro objeto para convertirse en un objeto con valor social, un “objeto sociocultural” como lo definió Dubois.

Desde la Academia, y luego con el DRAE, el diccionario más conocido y erigido como reflejo fehaciente de la norma, se popularizó la creencia de que las palabras existen y se ajustan al uso debido si están contenidas en sus páginas. Si por el contrario, no existe, que es el término que se emplea comúnmente para señalar a un vocablo que no está documentado o cuya acepción no responde al criterio que se esperaba, entonces pareciera que es mejor enmudecer antes de pretender de nuevo el uso de esa palabra que no está aceptada.

¿Aceptada por quién? “Limpia, fixa y da esplendor”. Explicar la máxima que acompaña a la Academia sería tautológico. Para Dubois, la función de un diccionario es definir la norma lingüística: “el diccionario autoriza palabras, construcciones y sentidos, integrándolos en el `uso´ de la comunidad”. Fuerza de ley, acto de fe. Finalmente se comprueba lo que en ocasiones hemos llamado, parafraseando a Casares, el “didactismo” del diccionario: por un lado, enseña, más allá de socializar un significado, o como afirma Calvo, resuelve no sólo dudas semánticas, sino ortográficas, aunque en el lector deba existir una prefiguración de la escritura de la palabra antes de otear sus páginas. Por otro lado, el diccionario regula: el diccionario se convierte en garante y guardián del uso, so pena de creer entonces que las ausencias y las fallas son de la Lengua, más que del libro consultado o reverenciado.

Para Rey-Débobe, el diccionario no sólo enseña las informaciones que transmite directamente sobre los signos y las cosas, también hace uso de otros medios que aparecen más o menos escondidos en sus páginas. “Por ello, la fuerza social que pueden alcanzar las obras lexicográficas lingüísticas o no, como en el caso de la Enciclopedia francesa”.

En la lexicografía contemporánea no sólo se enriquece el pasado, si no que también se comprueba y se elimina lo inservible, afirma Casares. “En este sentido, nuestra Academia ha sido, en su proceder, modélica, por más que existan en sus diccionarios laguna o fallos, fácilmente explicables”. Lo de fácilmente, lo subrayo y objeto. Ya dedicaré espacio para este tema más adelante.


Sobre la definición de definir y lo definido

Para Lázaro Carreter el diccionario da cabida a todas las palabras y a todas sus clases. El contenido de cada entrada, afirma, “tiene carácter sémico, no es una cosa: los elementos inventariados tienen el carácter de elementos de la lengua”. La definición supone el análisis sémico. En el sentido amplio de la concepción de una definición, lo ideal es incluir informaciones de tipo morfológico, etimológico, pronunciación, niveles de la Lengua, elementos diatópicos (mas no diastráticos) y toda la información posible que pueda atender al usuario del diccionario y que facilite su consulta.

Fernández Sevilla opina que para exista una definición adecuada no podrán faltar los rasgos sémicos constitutivos, los opositores y los diferenciadores, además de sus posibilidades combinatorias. “La definición, -continúa- es un predicado de la voz de la entrada en el que están presentes esas condiciones, y suele tomar la forma de una fase endocéntrica equivalente en el plano gramatical del término que figura en la entrada”. Resulta necesario entonces incluir en la definición ciertas informaciones enciclopédicas, locativas y temporales frecuentemente, buscando no desasistir al usuario en su búsqueda.


En realidad, el usuario del diccionario, en raras ocasiones, es un especialista; luego, los diccionarios no se generan a partir de la existencia de lectores especializados. Sin embargo, el lector común la mayoría de las veces ni siquiera ha reparado en la guía del usuario o en las abreviaturas. El usuario que acude a resolver una duda, pareciera, en algunos casos, una víctima a la que contribuye su propio desconocimiento de la herramienta. Si frente al DRAE existe una vastísima cultura de reverencia, resulta lamentable imaginar el panorama en el que ubicaríamos a consumidores de productos plenos de repertorio lexicográfico que responden a criterios editoriales o amores furtivos de diletantes, más que a labor de especialistas.


La destreza científica del lexicógrafo

Así como los usuarios comunes de los diccionarios meten en un mismo saco y confunden nominalmente al léxico con vocabulario, gramática con lingüística y semántica; convierten a una fuente de consulta en ente rector de las convenciones y los usos. Para Bosque, el desconocer la utilidad del diccionario es sesgar el enriquecimiento y perfeccionamiento de la expresión idiomática, que no es si no “el soporte y medio de su facultad de raciocinio, que le permitirá, entre otras cosas, el desarrollo de su propia libertad”.

He ahí una de las tareas del lexicógrafo. Proporcionar medios e insumos para generar materiales didácticos, más allá de la norma y las restricciones, mientras evita la prescripción como génesis de su investigación. Predicar contra la falsa creencia de que las palabras mueren o que la lengua se degenera. No está fácil. La pregunta es la misma: ¿desconocer al DRAE? No, no lo creo. Conocer y elegir, respetar el uso ante la convención en algunas ocasiones.

Tampoco se trata de un esfuerzo mimético por revivir el lenguaje, so pena de sufrir la tragedia de Funes, el memorioso funesto que de manera magistral retrató Borges en uno de sus relatos. Existe una metodología cuyo origen se debe a la Academia y que ha permitido desarrollar una línea coherente de investigación y tratamiento del léxico, además de la elaboración de artículos lexicográficos. Si algo advierte el cartel de entrada es que la lexicografía no es labor para diletantes.

La ampliación de las líneas de investigación referida a los usos regionales y particulares vislumbra el camino para quienes trabajan con y sobre el léxico; para ello resulta indispensable incentivar el trabajo de manera coherente con criterios estadísticos y fundamentados, mientras atendemos a la norma, en la mayoría de los casos, sólo para referencia.


2008/01/04

Un coctel sin acento, por favor*



Cuando se plantea la necesidad de que la política lingüística y la política educativa elaboren fundamentos de convergencia sistemática para afrontar el desafío de una formación lingüística sin limitaciones ni censuras, se está sosteniendo aquí la convicción de que pueden darse propuestas que no involucren la estigmatización del habla materna no estándar y la marginación de sus hablantes, que por el contrario sea capaz de romper el circuito de transmisión de prejuicios ideológicos socialmente desautorizantes.


Roberto García y María Teresa Genisans**



Día normal

Para quien ejerce el trabajo de corrección y edición, cada texto susceptible a modificación (ortográfica, tipográfica, ortotipográfica o de estilo) implica el poner en tela de juicio todos los conocimientos adquiridos, y, al mismo tiempo, echar mano de todo lo aprendido, visto, saboreado, escuchado y vivido para lidiar con el campo inasible de lo metalingüístico. Como quien recibe en herencia un mito enriquecido por la tradición oral, creemos o confiamos en que el mejor aliado para esta tarea es, sin duda, el diccionario. Uno bueno, por cierto.

Los que lidiamos día a día con el lenguaje, (¿quién no?) sabemos que hasta en el mejor de los casos el diccionario no “responde” o el “concepto” se ajusta a un ideal de significado que en vez de salvarnos, enreda o abandona. Interesante. ¿Qué buscamos en el diccionario? ¿El registro (uso) o la norma (cómo debe usarse)? Sea lo que haya motivado nuestra búsqueda y parafraseando al doctor Colmenares del Valle, acudimos al diccionario para resolver una duda. Así de simple.

¿Dudar?, quizás

Hace unos añitos tuve la suerte de formar parte de un equipo de investigadores, antropólogos y editores en torno al desarrollo de una base documental concerniente a patrimonio. Para cuando nos integramos a este ambicioso proyecto, aún se discutía sobre usabilidad, interfaces, recopilación, diseño y manejo efectivo de la información.

Tarea nada sencilla nos tocó a los editores, al enfrentarnos con la necesidad de generar una plantilla para elaboración de fichas a partir de un modelo propuesto por los técnicos. No fue fácil concebir un modelo de redacción, pero entusiasmados acudimos a un proceso de “cambiar el caucho con el carro rodando”. Con aciertos y desaciertos, claro, instrumentamos pautas orgánicas frente al vacío de precedentes, fórmulas arquitectónicas o en el peor de los casos, de la inexistencia de una metodología adecuada a este propósito.

En realidad, ahí no estaba planteada ni de anteojito la peor de las dificultades. El encontrarnos con términos diatópicos y diastráticos como casabe, cazabe, sapoara, zapoara, hallaca, hayaca, jojoto, manjar y bienmesabe, dulce de leche o dulce e´leche, entre muchos otros, evidenció, por una parte, la ausencia de un corpus que dé cuenta de nuestro ámbito lingüístico. Por otro lado, nos hizo comprobar la inconsistencia o inexistencia de estudios pormenorizados sobre nuestros usos, acepciones y voces venezolanas o americanas.


Cóctel o coctel


En las reuniones del equipo de producción editorial pueden superarse escollos semánticos y ortográficos gracias a las interminables discusiones sobre palabritas. En mi caso, me volví un poco obsesiva (lo confieso) con el uso normativo de /cóctel/ y la tendencia de colocarle el acento grave en vez de la entonación aguda, distinción acorde con nuestra competencia (habla). Llevé mi /cóctel/ bajo el brazo como caso a considerar y una de mis compañeras, una editoraza, me hizo ver la luz al final del túnel.

Si revisamos los artículos lexicográficos de ambos lemas en diccionarios normativos como el DRAE o el DPD, no hay duda del uso: ambos admiten en forma indistinta las dos grafías. Sin embargo, aún me enfrento con la resistencia de muchos en aceptar el “uso” de la forma /coctel/ en textos que me corresponde editar, y que van desde una simple invitación a una fiesta hasta el brindis post bautizo de un libro. Socialmente tenemos miedo a “romper” la norma, ajustándonos a la camisa de fuerza que implica lo que creemos prácticas correctas del lenguaje: aunque no hablemos de esa manera preferimos, en último caso, pasar por afectados y disfrutar del brindis sin tanta quejadera.

“Un cóctel es una fiesta durante la tarde, por eso derivamos la lexía compuesta `traje de cóctel´”, me comentó una compañera. “Uhm…” dije. “¿Toman cócteles o cocteles?...” fin de la discusión.

Luego, si existe la acepción "aprobada" de la palabra y el diccionario no registra las posibilidades "comprobadas" de uso, quedamos inermes frente a la duda. En mi caso, opto por no ser purista strictu sensu, y no rechazo de plano las posibilidades de innovaciones o usos “marginales”. Con lo que implican los tiempos de producción editorial, trato de atender a cada uno de los casitos con el mayor de los cuidados, buscando una síntesis que satisfaga ese cuidado por preservar,—ojo, no prescribir— usos, sin creer que atender a nuestras particularidades como hablantes significa atentar sin remedio contra la lengua o peor aún, contra las buenas costumbres.


* Reeditado y publicado para la entera satisfacción de mis lectores.

* *En: El cerco del prejuicio en Lingüística y Educación


2007/12/06

Mierda


Nu. Ni pensarlo. No pienso contaminar mi espacio seductor con diatribas políticas, histerias o ataques catárticos. Este es un espacio para lecturas, bandas sonoras, placeres, pecados a voluntad y fenómenos del lenguaje. Por eso, hago una pausa pequeñita para referirme al hecho de la importancia inusitada del término mierda frente a la impertinencia de su uso y la defensa ministerial nada pertinente para validar la expresión generada por el presidente de la República el día de ayer: "Sepan administrar su victoria, porque ya la están llenando de mierda. Es una victoria de mierda y la nuestra, llámenla derrota, pero es de coraje".

Sí. Impertinente, que no impresionable, por aludir al adjetivo que refirió el general Rangel Briceño cuando espetó: "Hay quienes plantean que la Fuerza Armada presionó al presidente para que aceptara el resultado. Al presidente no se le presionó porque él es impresionable". Impertinentes ambas emisiones por la ausencia de pertinencia, que no es otra cosa que el sentido de pertenencia que posee un término con el contexto, con la materia que refiere y hasta de correspondencia con el receptor al que se dirige. Impertinente el primero, mierda, por no guardar correspondencia con la responsabilidad del emisor, el espacio, ni el horario ni las circunstancias; impertinente el segundo, impresionable por la falta de correspondencia con las acepciones del término.

Pacatería cero

Aclaro: no soy pacata, y mucho menos con el uso del lenguaje. No tengo prejuicios con las groserías, esas recurrentes lexías estereotipadas que bien que enriquecen el lenguaje, generan encantadoras y humorísticas maneras de relacionarnos, nos identifican como hablantes, revelan trasuntos humanos y divinos de nuestro quehacer y quieran o no, forman parte de nuestra historia como entidad social y política. En El insulto en Venezuela, escrito por el docente, escritor y cultísimo investigador Francisco Javier Pérez, (Fundación Bigott, 2005) bien puede encontrarse una sucinta descripción de los alcances y los registros de los insultos que nos acompañan desde hace mucho tiempo.

Creo en las groserías como elemento revelador y articulador de atmósferas, como detonantes sabrosísimos para sintetizar y potenciar el sentido de quien las enuncia o despertar emoción en quien las recibe. Las uso en mis escritos, forman parte de mi vocabulario y la verdad, me abstengo, como cualquier hablante con sentido común, de hablar con estas expresiones altisonantes en espacios en las que éstas no son necesarias, ni pertinentes.

Victoria de mierda

Para uno de los más responsables profesores invitados a nuestro Programa de Estudios Lexicográficos, el escritor, docente e investigador Luis Barrera Linares, el hablante público (o sea, en este caso, el presi), “produce lenguaje para un colectivo sin la conciencia del efecto que puede producir su lenguaje”. Es decir, hay un acto conciente en la emisión de las palabras y las ideas, por supuesto. Sin embargo, con conocimiento o no, el hablante público modela, crea un patrón que el colectivo asume como modelo lingüístico y que repite, a veces como el periquito. De parte del colectivo sólo resta la aceptación o el rechazo del modelo lingüístico de este hablante. Sin embargo, y para fortuna o desgracia, el hablante siempre modela.

Para Barrera, el hablante público adquiere entonces una responsabilidad que le sobrepasa.

Impertinente, que no por eso imposible de enunciar, de pronunciar, de repetirla hasta reír de cansancio, como provoca Fedosy en su Caja virtual. Impertinente por tratarse del discurso de un hablante público que bien que ha abusado de las jergas, las imposturas y los desacatos a las formas de tratamiento hasta convertir al lenguaje en trinchera o espada de Damocles, la mayoría de las veces. Impertinente por el efecto que causa y que se convierte no sólo en patrón lingüístico sino en modelo actitudinal, vademécum vital de un colectivo que aplaude y asimila cada palabra, cada gesto, trátese de escuálidos, pírrico, adquerir (sic) o lego, independientemente del contexto o la falta de información con la que se enuncie.

Para el Maestro Colmenares, la posibilidad de creación lingüística es infinita. Basta colocar sufijos, adaptar o bichar cualquier vaina para que aparezcan nuevas maneras de referirnos, expresarnos, enriquecer el habla, echar abajo el muro de la prescripción lingüística. Por eso hay varias maneras de escribir un mismo término, sinónimos, homónimos, polisemas, etc. Asumir posturas académicas y rectoras, ponerse a patalear por el uso de una u otra acepción resulta a esta altura tan vintage como hacerse la permanente o teñirse el cabello de rojo.

Prefiero el uso pertinente, el convertir a las palabras como aliadas, no como enemigas. Luego, la expresión del presidente durante un acto militar, transmitido en vivo durante el horario todo público, como expresión para tildar de abyecto y pusilánime el evento electoral del pasado 2 de diciembre, me resulta impertinente en grado sumo. Cada quien tiene el derecho de decir y creer lo que piense; eso es cierto. No obstante, más allá de la palabra está el discurso, el emisor, el contexto y los receptores: un esquema básico de la comunicación en el que todos los hablantes convenimos ciertas reglas del juego para poder seguir articulando y relacionarnos. Lamento la idea errada del “hablar claro y raspao” como expresión de la sinceridad o la franqueza con el abuso del poder o el irrespeto como norma convenida unilateralmente.

El colofón de Lara

Una pésima elección, si de defensas improvisadas se trata. Basta leer algunas (pocas) de las obras del Nobel Gabriel García Márquez para saber lo que le sucede a los generales que abundan en sus escritos. Luego, utilizar como argumento para validar el uso de una palabra a todas luces ofensiva por parte de un hablante público a partir de su presencia en una obra literaria no es impertinencia, es falta de conocimiento. Recuerdo como le fastidié la paciencia a mis primeros alumnos del Francia, por allá al inicio de los noventa, sobre las diferencias entre los géneros literarios, las normas del buen hablante y del buen oyente y las cualidades de un buen expositor. Creo que sin esfuerzo bien podrían en este momento hasta recitarlo de memoria.

A Sebastián, mi hijito mayor, procuramos no hacerlo partícipe de conversaciones políticas, ni de afectarle su merecida burbuja de felicidad y bienestar infantil en medio de tanta desazón estructural. Sin embargo, al pasar cerca de uno de los periódicos que revisaba el flaco, nos comentó con sus 7 años impolutos: “El presidente es grosero”.

Impresionante final

Existen estudios publicados y en proceso sobre la creación lingüística en este período de gobierno en nuestro país. Registradas están las creaciones diversas y las nominaciones que se han generado durante estos nueve años y que siguen contando, por cierto. De lado del gobierno y la oposición, las creaciones no son pocas, y quiéranlo o no, forman parte de nuestro acervo lingüístico, asentadas y en plena vigencia. Para no herir susceptibilidades, prefiero guardar mi listica para efectos académicos, so pena de ganarme una guerra a muerte con enemigos que nunca he tenido.

Lo que sí me gustaría comentar y dejar claro, es que esa posibilidad maravillosa de crear palabras, resemantizar y adornar, deformar y añadir, no responde a un ramalazo fugaz de la inspiración; ni a la majestad de un funcionario: la evolución del habla y las convenciones tienen sus propias reglas del juego… y los jugadores somos todos.

2007/06/03

Chocolate es lo que (más) quiero



A propósito de la lectura del artículo de Gustavo Valle sobre el DRAE publicado el sábado, volví a las notas del IV Congreso de la Lengua para revisar las resoluciones del Congresito de la Lengua.

El llamado “Congresito de la Lengua Española Medellín 2007” duró cinco días, del 19 al 23 de marzo de este año y contó con la participación de 52 niños y niñas. Organizado por la Corporación Cantoalegre y la Universidad Eafit, tuvo el patrocinio de la Alcaldía de Medellín, empresas públicas y el Grupo Santillana.

Allí, los niños y las niñas trataron temas muy adultos como violencia, contaminación y seguridad; escucharon canciones compuestas con la vocal "e", leyeron poemas hechos sólo con palabras comenzadas por la consonante “c”, y proclamaron el Manifiesto General, ratificado por más de 1500 niños y niñas.

Reflejado en un texto hermoso y aleccionador, los niños y las niñas acordaron qué les gusta y qué no; recordaron palabras, inventaron nuevos términos y escogieron sus palabras más queridas, cuya evocación encabeza la voz nahua xocoatl:

1. Chocolate
2. Música
3. Crispeta
4. Carcajada
5. Soñar
6. Fútbol
7. Mágico
8. Amigo
9. Montaña
10. Mamá

Sin duda queda mucho por aprender de los niños y las niñas.
Para leer el Manifiesto entero, pasa por aquí.


2007/05/31

Apuntes para la coexistencia cultural (y II)



Ofreciendo disculpas por la pausa que caracterizó a este espacio durante los últimos días, retomo y comento algunas ideas que se manejaron durante el seminario “Coexistencia cultural, posibilidad y límites”, y la sesión del sociólogo Tulio Hernández llamada “Derechos culturales: memoria sanadora y memoria resentida”.

En este momento, en nuestro país, ahora más que nunca se evidencia la absoluta necesidad de entendimiento común así como la posibilidad de construir la convivencia y coexistencia en el marco de una democracia cultural verdadera, alejada de consignas vacías.

Plantearse la necesidad de reconocer y reconocerse, así como fomentar normas que coadyuven a la tolerancia, al reconocimiento de las diferencias y a la coexistencia, entre otras… es una tarea que ya no podemos postergar y que bien que nos hace falta.

La diversidad, para el sociólogo Tulio Hernández, debe concebirse como

la posibilidad de ampliar el abanico de elecciones para cada individuo inserto en el pluralismo que impulsa mecanismos institucionalizados que garantizan y perpetúan la diversidad y su posibilidad de realizarse singular y colectivamente.


Debe constituirse entonces una gestión democrática de la diversidad, más que el simple reconocimiento o de políticas económicas y urbanas frente a la presencia, deseada o no, del otro.

Mientras que en Europa la diversidad implica el estudio del fenómeno de la inmigración y las políticas culturales apuntan a la coexistencia y el respeto de los derechos culturales de las minorías en el contexto de un mundo globalizado, lo que Tulio llama “aparición de entidades supranacionales”, entender la diversidad en “este lado del charco” exige, en primer término, aproximarnos a la identidad, la libertad cultural, los derechos culturales que de ésta se derivan y por ende, el pluralismo.

¿Cómo entender la coexistencia en nuestros países latinoamericanos si no tenemos conciencia de la identidad y negamos lo que somos? Menudo problema que amerita muchas otras entradas en este y otros muchos blogs, sin duda.

Autores como Darcy Ribeiro y Efraín Subero se han referido a los pueblos latinoamericanos como pueblos sin memoria, culturas transplantadas y hermanos siameses para aclarar nuestros singulares procesos históricos y nuestro comportamiento cultural, en el que sustantivamos las diferencias y poco nos reconocemos como el continente más unido del planeta gracias a la presencia del idioma español, entre otras cosas. Nuestra historia interrumpida, (necio sería negarlo) a partir de 1492, significa una reescritura de una historia en el que no se conservó el precedente: nos tocó escribir sobre el vacío y el olvido.

El profesor Hernández parte de la teoría de Todorov en su Abuso de la memoria para referir dos de las tendencias que pueden determinar la actitud cultural que tienen los pueblos con relación a sí mismos y su historia: la memoria sanadora y la memoria resentida.

La memoria sanadora, según el estudioso, es

la que practican los pueblos que a pesar de haber sufrido procesos dictatoriales, de opresión o crisis institucionales, deciden “perdonar sin olvidar”. Resulta prioritario acortar las diferencias y seguir adelante, generar comisiones de la verdad, promover aproximación al conocimiento del pasado y seguir adelante: superar y continuar sin fingir que nunca pasó.

La memoria resentida, por otra parte, es aquella producto de la visión de víctima y minusvalía por hechos sucedidos. A partir de esta condición se valida el resentimiento y se erige la venganza como sanción urgente y obligante:

Hay que devolverle al golpe a quien asestó primero y “satanizar” al contrario sin olvidar, aunque se viva y reviva un presente continuo que no puede superarse, como el que simboliza Funes, el funesto memorioso que bien retrató Borges en sus Ficciones.

Para Hernández las constituciones de Latinoamérica son de las más importantes en cuanto a alcances personales y colectivos en el mundo. Sin embargo, dista el texto de aportes culturales reales. Con cada designación y reconocimiento del otro, paradójicamente en vez de integrarnos, nos atomizamos y distanciamos sin remedio.

Con cada consigna separatista, dudo que nos sintamos reflejados y mucho menos creo que nos veamos como somos.

Son esos momentos donde hacen falta mucho más que enunciados para tapar el sol con un dedo. Y todavía hay quien duda del poder que encierran las palabras. Nuestro imaginario adquiere y desecha términos que definen y buscan trascender la imagen para convertirse en “realidades” que prefiguran cada vez más lejana la posibilidad de reconocernos.

La diferencia estriba en las intenciones, condición sine qua non en todo proceso de enunciación de mensajes. Y en estos días compruebo, con tristeza, como el lenguaje en estos momentos, lejos de aproximarnos, se ha convertido en dagas filosas en boca de quienes se asumen como garantes de la verdad.

2007/05/15

El quitamiedos del español



Referir manuales destinados a establecer lineamientos sobre normas de uso, vigencia y pertinencia del español cobra una especial importancia en el contexto actual. Por un lado, nunca antes había recibido la lengua española tanta atención y publicidad por parte de las instituciones y los estudiosos de la lengua; por el otro, las obras que se difunden producto de nuevas investigaciones parten, en su mayoría, de la prevalencia del uso sobre la norma lingüística. Reconocer en el español de América una estructura inmanente que niega la etiqueta cincelada de los mal llamados regionalismos cargados de innata exhuberancia, permite, sin duda, generar documentos que se acerquen a la realidad de la lengua hablada en Hispanoamérica y le otorguen la certificación que realmente merece y trasciende el ámbito de una sala protocolar.

Las herramientas implementadas para el estudio del español apuestan por resguardar la norma de cultura del uso lingüístico, —conocida tradicionalmente como norma estándar— antes que privilegiar al uso o a las variantes lexicales. Esta vigilancia se ha constituido, por citar algunos ejemplos, en la misión de la mayoría de los textos descriptivos, manuales de uso y libros de estilo a los que consultamos para atender dudas sobre nuestra lengua o el lenguaje.

La intención de preservar el estado de “pureza” no es una invención reciente de quienes creen en latente peligro el estado de nuestra lengua y reclaman a viva voz su posición de víctima pasiva frente a una posible degeneración o peor aún, su desaparición. Ya desde el Diccionario de Autoridades (1726-1739) el propósito del registro era fijar el idioma e impedir la “descomposición” de la Lengua. Forjado bajo un criterio normativo y prescriptivo, se evidenció el purismo desde el que se concebía el registro y la norma, y desde el que se creía aseguraba la permanencia del constructo lingüístico.

Según Lázaro Carreter, el casticismo como norte del estudio del léxico pretende (aún) resucitar el pasado lingüístico nacional: “El purismo no es otra cosa que la faceta negativa de esta actitud destinada a rechazar la intromisión de vocablos nuevos, procedentes de otras lenguas o de creación personal”.

Para Dubois, la función de un diccionario es definir la norma lingüística: “el diccionario autoriza palabras, construcciones y sentidos, integrándolos en el `uso´ de la comunidad”. Se comprueba entonces lo que en ocasiones hemos llamado, parafraseando a Casares, el “didactismo” del diccionario: por un lado, enseña, más allá de socializar un significado, o como afirma Calvo, resuelve no sólo dudas semánticas, sino ortográficas, aunque en el lector deba existir una prefiguración de la escritura de la palabra antes de otear sus páginas. Por otro lado, regula: el diccionario se convierte en garante y guardián del uso, so pena de creer entonces que las ausencias y las fallas son de la Lengua, más que del libro consultado y entronizado como garante de la razón.

Frente a la duda, el diccionario sigue siendo la primera herramienta. No en balde, el “gran diccionario de la Lengua española” como se refiere Francisco Javier Pérez al DRAE, constituye el texto más respetado, consultado y reverenciado como guía básica de lo que consideramos usos pertinentes que deberían formar parte (e integrarse) a nuestra competencia y cuyo propósito se concentra en su lema: “Limpia, fixa y da esplendor”.

Aunado a la aparición de todo tipo de diccionarios, asistimos a un despliegue editorial de productos complementarios concebidos a partir del estudio de la lengua española en comunidades hispanohablantes dentro y fuera de España. La creencia generalizada de que el español se degenera, la lengua se empobrece y la “pureza” de la lengua española se encuentra amenazada, significa un nicho comercialmente atractivo en el que abundan textos ausentes de criterios e investigaciones formales sobre los fenómenos que describen: pocas de estas ofertas son resultados de estudios lingüísticos y lexicográficos.


El quitamiedo de la expresión escrita

El Instituto Cervantes y el sello Aguilar concibieron, bajo el concepto de “otro manual” el texto Saber escribir, presentado recientemente en el marco de la celebración del IV Congreso de la Lengua en la ciudad de Cartagena.

El equipo encargado de realizar la confección de la obra estuvo integrado por el catedrático de Lengua Española, Jesús Sánchez Lobato, quien fungió como coordinador del texto, junto con los especialistas y docentes Ángel Cervera, Guillermo Hernández y Coronada Pichardo, quienes finalizaron el proyecto en algo menos de un año.

Bajo el singular título no se esconde alguna intención ampulosa ni una pretensión de panacea amordazante destinada a ceñir el léxico de los hispanohablantes. Para Lobato, este es un texto descriptivo, no un manual de prescripción discursiva. Se trata entonces de recomendar y brindar herramientas sobre el español actual, “que no es mejor ni peor que en épocas pasadas y que es el que utiliza nuestra sociedad, impregnada por la rapidez de los medios de comunicación”, afirma el investigador.

Saber escribir nace con la intención de ejercer el ejercicio escritural en todas sus variantes. Luego de sugerir esquemas de creación, ofrece la elección y aplicación de técnicas de revisión y corrección en cualquier texto.

La estructura del contenido se inicia con el capítulo “La lengua española”, apartado en el que se pretende aclarar algunas falsas ideas sobre la concepción del español y donde confluyen, opuestas y disímiles, visiones tradicionales e innovadoras sobre su enseñanza y estudio. A partir de este capítulo que coadyuva a “derribar muros” sobre elementos como uso, norma e ideal de lengua, encontramos quince apartados en los que se tratan aspectos relacionados con comunicación, lenguaje, ortografía, gramática, proceso de escritura, construcción de textos, modelos textuales, redacción y autocorrección. Completa esta edición un capítulo broche dedicado a la escritura en las nuevas tecnologías, donde se aborda de manera breve y concisa el uso del lenguaje en el correo electrónico, blogs, chat y mensajería instantánea.

Saber escribir surgió, inicialmente, como un manual de enseñanza para la redacción de diferentes tipos de textos, desde estructurales modales y funcionales hasta textos académicos y trabajos de grado. Sorprende la sencillez del lenguaje, las sugerencias y recomendaciones que plenan sus páginas. Motiva, desde el primer párrafo, pronunciarse sobre las discusiones referidas al habla y la lengua hablada en español: tradición y “pureza” en la lengua española, criterios de corrección, empobrecimiento de la lengua, préstamos léxicos, extranjerismos, descuidos idiomáticos, incorrecciones, sexismo en la lengua española, usos dialectales y regionales, tradición e innovación.

Luego de fijar posición y abrir la discusión sobre el estado general de la lengua que hablamos, la estructura temática aborda la concepción de la comunicación en la lengua española, indicando algunas recomendaciones sobre la escritura y valoración de lo escrito; para luego pasar a explicar de manera pormenorizada los elementos que forman parte de un texto desde el punto de vista gramátical y sintáctico.

Finalmente, antes de invitar a adentrarse en los linderos de la escritura en el ámbito de la computación lingüística, en Saber escribir el lector atento disfrutará y participará de discusiones actuales que lo llevarán a formarse desde el punto de vista crítico como hablante para luego convertirse en un hablante activo con dominio de algunas reglas y aplicaciones, además de un cuerpo de recomendaciones sobre la pertinencia, uso, modelos y casos a considerar frente a la página en blanco. Así mismo, quien se acerque a estas páginas encontrará recomendaciones sencillas sobre el arte del quehacer de la escritura. Un manual que busca satisfacer dudas básicas y generalizadas al usuario no iniciado y al mismo tiempo acompañar al lector, investigador o escritor en su encuentro permanente con el universo inasible, polisémico y evocador del lenguaje.