2006/11/28

Frida compañera Kahlo




Nomenclatura previa y necesaria
Sobre una frase de Tijuana No, en Transgresores de la ley (BMG, 1994), titulé inicialmente el artículo a continuación. Luego, por una pertinente recomendación de Luis González, cambié el término "compañera" por "camarada" uso ajustado al tiempo donde vive y se relaciona ideológicamente a la artista.


Traje a Frida a este espacio porque más allá de las inferencias, producto de la lectura sincrónica, anacrónica o ideológica que puedan realizar sobre el contenido, este es un sencillo homenaje a mi encuentro con Frida y a Eli Bartra, a quien admiro.


A la imagen de Frida la conocí hace mucho tiempo, y la verdad no me resultó indiferente. De allí en adelante me encontré con gente hermosísima que me ayudó a a amarla, respetarla y conocerla: Nabetse Ordaz, Elizabeth e Italo Tedesco y Anassé, entre muchas otras.


Al emprender la tamaña tarea de realizar un trabajo de investigación sobre el Diario de Frida Kahlo tampoco estuve sola en esa empresa: mi mami y hermanas, Lito, Lil Quintero, Kelvin Malavé, Irene y la familia Ojer, Loly, Antonio Serrano, Miguel Marcotrigiano, Francisco Javier Pérez, Mariana Marczuck y Hripsime Bedrosian acudieron al rescate.


Luego, y para "cerrar" esta travesía por allá en el 2002, Félix se tuvo que aguantar mi llorona de novela mayamera cuando me llevó de la mano a conocer los espacios donde vivió la artista, mientras trataba de interpretar de mi profusa verborrea las declaraciones de amor más melodramáticas que alguien pudiera concebir.



Me han preguntado sobre lo que pienso acerca de la versión de Frida hecha por Salma Hayek.
Tuve la oportunidad de verla —muy bien acompañada— en México y "empaparme" de lo que opinaban los mexicanos (desde lectores comunes hasta intelectuales) al respecto. Prometo sentarme a escribir sobre eso, que aunque no es noticia, las lecturas "del otro" sobre el imaginario local siempre despiertan interés en nosotros. ¿Vale?


El texto que sigue responde a una visión sobre el lúcido trabajo de Eli y al momento convulso que le tocó vivir a Frida. Que lo disfruten.






Frida camarada Kahlo


Aproximaciones sobre lo femenino, arte comprometido y feminismo en la obra de Frida Kahlo


Transcurre 1953 y la frágil salud de Frida Kahlo se debilita cada vez más. Durante el mes de agosto de ese año escribe en su Diario: “Seguridad de que me van a amputar la pierna derecha”. De allí en adelante, el abuso de drogas analgésicas, varios intentos de suicidio y enfermedades de todo tipo ocasionan la muerte de la artista (por embolia pulmonar) el 13 de julio de 1954. Sin embargo, hacia el final de sus días, Frida experimentó un profundo período de revisión sobre su obra, su compromiso político y su vida.


El compromiso hacia la absolución


El carácter personal que distingue casi toda su obra la perturba constantemente: “Tengo mucha inquietud sobre mi pintura. Sobre todo por transformarla para que sea algo útil al movimiento revolucionario comunista, pues hasta ahora no he pintado sino la expresión más honrada de mí misma pero alejada absolutamente de lo que mi pintura pueda servir al partido” (1). Ello la obliga a pronunciarse sobre el rumbo que debe tomar su trabajo: “Debo luchar con todas mis fuerzas para que lo poco de positivo que mi salud me deje hacer lo que sea en dirección a ayudar a la revolución. La única razón real para vivir”.

Para la biógrafa Hayden Herrera, Frida contaba con “sólo una pintura” donde se podían apreciar símbolos políticos: Mi vestido cuelga ahí (1933). En el año 1954, Frida termina El marxismo dará salud a los enfermos. Para Herrera, este cuadro resulta “declamatorio”: Allí, en el extremo superior derecho puede observarse a Marx que levita mientras ahorca a un águila-cuervo-capitalista con rostro del “Tío Sam”. Mientras tanto, con gesto benevolente, el mismo Marx sostiene a una Frida envuelta en un corsé de cuero que desde el centro del cuadro se libera de sus muletas y sostiene un libro con cubierta roja, presumiblemente el Libro Rojo.

El 2 de julio de 1954, Frida abandona su lecho de enferma para unirse a una protesta contra la caída del gobierno izquierdista de Jacobo Arbenz (Guatemala) producto de la intervención de la CIA. Una vez en su casa, Frida comentó “Sólo quiero tres cosas en la vida: vivir con Diego, seguir pintando y pertenecer al Partido Comunista”. Esta sería la última aparición de la artista en público.


Para Eli Bartra, “Toda creación artística tiene un contenido político”. Luego, el arte también tiene elementos de la ideología dominante. Así mismo, Bartra sostiene que “El arte apolítico no existe”: En obras como Autorretrato en la frontera de México y Estados Unidos (1932); Mi nana y yo (1937) y Niña con máscara de muerte (1938), resalta la intención de la artista por acercarse y ubicarse desde el imaginario de lo autóctono, exaltando sus raíces indígenas y enalteciendo el pasado imperial Azteca frente a la amenaza capitalista, modernizadora y decadente que representa Estados Unidos. Para Frida siempre resultó una necesidad vincularse con México y la revolución mexicana; hasta el punto de ubicar su nacimiento en el año 1910, cuando en realidad nació en 1907. En 1951, escribe en su Diario:

(…) Mis problemas desde los 4 años fueron ya de índole social. Recuerdo que yo tenía 4 años cuando la decena trágica. Yo presencié con mis ojos la lucha campesina de Zapata contra los carrancistas. Mi situación fué (sic) muy clara. Mi madre por la calle de Allende —abría los balcones— daba acceso a los zapatistas haciendo que los heridos y hambrientos saltaran (…) ella los curaba y les daba gorditas de maíz (2).


Lo femenino y la belleza biológica


Durante el inicio de su obra plástica, Frida pasa raudamente por la representación neoclásica del retrato para encontrar su verdadera fuente de inspiración en los rostros y la fauna mexicana. Frida elabora retratos de niñas y mujeres de Coyoacán, recreando con impresionante realismo la naturaleza y los detalles: Dos mujeres (1929) y Mujer india desnuda (1929), entre otros. Kahlo encuentra el arquetipo de belleza y la fuente de múltiples imágenes evocadoras de su pintura en el rostro y la vestimenta indígena. Será, hasta su muerte, una “embajadora de la mexicanidad”, luego de adoptar para sí los vestidos de tehuana, típicos del istmo de Tehuantepec; esta será una decisión que va más allá de lo superficial o estético: “las mujeres de esta zona tienen la fama de ser guapas, fuertes, valientes, mandonas y, sobre todo, se dice que dominan a los hombres”.

La belleza de Frida, plasmada y proyectada en sus múltiples autorretratos, no pretende la creación de una imagen asociada al estereotipo o al objeto de representación idealizado; más bien apunta al detalle, lo biológico, lo natural, la belleza femenina que se proyecta y reconcilia con la naturaleza, la fauna como cómplice tras la mirada escrutadora de una mujer que no permite la indiferencia del espectador que contempla a la naturaleza viva.

Arte feminista

Para Bartra, el arte feminista no pretende crear un discurso sexista de oposición, sólo una visión no androcéntrica sobre la mujer y su lucha contra la ideología dominante y el capitalismo: “El arte feminista es una creación con contenido político distinto a otros y que se enfrenta, por ello, con los valores de la ideología dominante”. La autora distingue igualmente dos tipos de arte feminista: el involuntario, que de alguna manera expresa la condición de opresión de las mujeres, aunque no la impugne directamente, pero la expone como elemento que refleja su realidad, y el decididamente feminista:

…que no es meramente casual o instintivo, y que responde a una necesidad bien consciente, es el que parte de lo que son las mujeres y lo que no quieren ser: representa una impugnación voluntaria de la realidad…poner en práctica formas de lucha por transformar una situación no deseada: la opresión (3).

El aspecto más político y decididamente feminista en la obra de Kahlo es justamente lo personal. Aunque lo ignorara en su momento, por plantearse durante esta época el compromiso político como una estructura meramente ideológica, lo político no implica sólo el ámbito de lo público, en el ámbito privado también se intenta conquistar o preservar el poder: “nuestros pequeños eventos o grandes sucesos personales son parte integrante del conglomerado de poderes en el que vivimos o sobrevivimos”. Frida no lo supo nunca, pero su obra, y ella como protagonista, constituyen verdaderos símbolos de lo femenino y el compromiso de la mujer con todas las esferas de acción donde se desenvuelve.

Frida, siempre irreverente, siempre desafiante, no pudo escapar del mercado de arte y la venta inescrupulosa de su imagen. Frida Kahlo no sólo es objeto de culto en su México natal, sino que trasciende su referente para convertirse en símbolo del orgullo y la belleza mestiza de mujer conciente de sus raíces, su belleza y su vida, aun signada por la enfermedad y el acecho de la muerte.

Fuentes

(1) El Diario de Frida Kahlo, un íntimo autorretrato. Editorial Norma, 1997.
(2) ibíd.
(3) Bartra, Eli. Frida Kahlo: Mujer, ideología y arte. Icaria Editorial, 1987.
Publicado en la revista Vuelta de hoja, número 1, junio de 2006.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante.
Un poco feminista radical para mi gusto,pero by the way sera que me recomiendas un libro serio sobre frida khalo, me gustaria leer sobre ella.

Dakmar Hernández de Allueva dijo...

Hola Anónimo
Gracias por pasar por acá, espero que se repita.
Sobre tu recomendación creo que si quieres un libro bien documentado y ameno para leer, te recomiendo la Biografía que sobre Frida escribió Hayden Herrera.
No hace falta que tengas que acudir a una librería especializada pues el texto cuenta con varias ediciones.
Cuando lo hayas leído espero verte por acá para que compartamos opiniones. Gracias.

Anassé dijo...

Qué emoción conseguirme en tu memoria aún después de tanto tiempo. También recuerdo las tardes de Frida y nuestras conversas... Buenos tiempos... Un beso mi linda, excelente blog, no esperaba menos de tí.