2008/10/02

Vivir libre de culpa*

Los epítetos no escasean a la hora de retratar el variopinto mundo de las relaciones sentimentales. El efímero, la psico, la gris, la estrecha, el irrepetible —por aquello de la ausencia de segundas partes— y en los casos más funestos y populares el donante o la solicitada. Un buen calificativo asignado en su momento puede contar en sí mismo el destino de una relación con humor y sin necesidad de mayores explicaciones. En ese sentido, Mi marido es un cornudo, el libro más reciente de Elizabeth Fuentes es peligroso, sin duda. Una periodista provista de mucha inteligencia y suficiente humor como para reírse de sí misma y del mundo, retrata en una historia bien documentada el clima, las precauciones, las excusas, los motivos y hasta las pesquisas criminales e historias más famosas que trae consigo la relación de alteridad; felicidad o sufrimiento con daño a terceros y al patrimonio que puede traer consigo la infidelidad. Ella, la protagonista de la historia, a ratos entre la ficción y la autobiografía, es una periodista con varios años de casada y con la sensación de que la vida se le destiñe. Él es El intermitente. Tras los encuentros fugaces y espontáneos en la oficina, el tiempo confabula la consumación de una cita que a ratos suscita carcajadas sinceras y en ocasiones invita a reflexionar sesudamente sobre las relaciones de pareja. Al descubrirse envuelta en una relación de adulterio, nuestra protagonista no podrá evitar hacerse preguntas sobre su condición ni podrá ignorar a su naturaleza curiosa, por lo que comienza a estudiar el fenómeno en el que se ve envuelta y por ello ofrece un detallado reportaje que da cuenta de los orígenes, las circunstancias, la tipología y los recursos que posee y provee el adulterio. Las mujeres en esta historia dejan de representar el papel de víctimas del engaño para engalanarse con su lingerie de estreno y escaparse tras muchas excusas a Miami. Aunque todo affaire extramarital no resulta en ocasiones un capítulo digno de recordar, mejor seguir el consejo, por si acaso, de la doctora Ostarg, del Instituto Italiano de Ciencias Sociales, en el que recomienda que no se cuente ni se pregunte: “Nunca le pregunta a su cónyuge sobre su infidelidad y jamás diga una palabra sobre las suyas. Mientras menos sepan ambos, mejor”.

*Publicado en la revista Contrabando, año 2, número 15.