2011/01/18

Soy Ramona

En casa no pudimos aguantar la tentación. Frente a los silencios de la productora local, la ausencia de promoción y los comentarios (cada vez mejores) sobre la peli, empezamos el año 2011 viendo el film más ansiado en casa: Scott Pilgrim versus The World.
Ya presentía lo que iba a pasar, y así fue... Así es.  Los cómics de colección de Los Beatles volvieron a su lugar, entró en pausa la carrera trepidante de Andrea en el mundo Disney-Princesas y Villanas para niñas, y aún están por abrirse las pelis de Sebas escogidas para "el maratón del primero de enero".
Scott y Ramona ocupan un lugar privilegiado en el mundo lúdico de mis hijos y descubrir los guiños con los libros anima nuestras conversaciones. Para qué negarlo. Fui una fan incondicional desde que Narcisa, una de nuestras editoras, me mostró a Scott y me confesó que estaba atrapada por aquella serie de post adolescentes matizada con un singular sentido del humor. Si bien me pareció una locura cuando la vi leyendo (devorando) el tercer tomo en plena Feria del Libro (con cuentas que hacer y público que atender, y amigos y toda la locura de las ferias), ahora la entiendo perfectamente. Amo a Wallace y a Kim, y me la paso cantando a los Clash at Demonhead.
Estamos escogiendo los disfraces para los próximos días de Carnaval. Para qué adelantarles los roles seleccionados por mis pequeños. Lo más difícil será encontrar los lentes de Ramona, ese distintivo de los chicos de Digimon que en Scott recrean a la perfección. Nada, a por ellos. "Holaaa Andrea, ¿cómo te fue en el cole?" es una de mis primeras preguntas diarias durante el  reencuentro con mi pequeña. "Nooo mamá, soy Ramona", me espeta con su vocecita. Y sonríe.