2007/03/20

Una cosa por la otra o el drama de las mujeres inteligentes


A la usanza clásica imaginé el título que plasma esta entrada, imagino que influenciada por las lecturas que hago, medio hago (o abandono con boleto de regreso) por estos días: entre los libros que cargo conmigo -o gritan antes de dormir- están el Peter Pan de rojo escarlata, La caverna, Corsarios de Levante, el Porvenir de mi pasado y el Coleccionista de sonidos, calientito calientito.

No es soberbia o pedante esfuerzo por demostrar facultades lectoras. Si algo tengo que agradecerle a la escuela de Letras fue la obligante-obligada y necesaria lectura simultánea, a veces tan profusa que no sé como no perdimos la vista. Confieso, por supuesto, que ya no puedo hacer las mismas inferencias o interpolaciones de antaño. Ahí vamos. No dejaré de leer mientras viva. Olé.



Una cosa por la otra. Despechadísima. Superlativo incondicional y finito por cancelar finalmente mi participación en el IV Congreso de la Lengua, aprender en vivo y directo de los maestros y por si fuera poco, perder la irrepetible oportunidad de vacilarme al Gabo en persona, aún con su amargura y cansancio de vedette mediática. No podré degustar las recomendaciones de Cynthia en su lavativario y tendré que guardardarlas pa´una próxima oportunidad, ni escaparme de tanto trabajo y disfrutar unos días de la fiesta literaria más importante por estos predios latinoamericanos... buaaaa...

El único consuelo es que gente cercana, querida e imprescindible asistirá y luego, los acuerdos y análisis son publicables. Perdonen el prurito, pero la Internet no lo es todo. Soy una defensora de la lectura strictu sensu y me da pena ajena tanto blog, artículo o ensayo curtido de datos de 0.09 segundos, sin sustancia, repitiendo y repitiendo. Premisa de lectora: Si no lo has leído, mejor es hacer silencio, hasta saber, de verdad, de lo que se habla y así no se cometen omisiones, implacables para el lector. Si algo tiene la Red es que pareciera que no se necesita saber mucho, so pena de aburrirnos sin remedio frente a tanta información virtual... paso.

No tengo tiempo de lamentar mi ausencia en Cartagena. Estoy sumida, ahora mismo, en dos proyectos hermosísimos de literatura infantil que necesitan de mis sentidos, mis sueños y un exigente-durísimo -a veces desbordado- control de calidad. Una cosa por la otra: ya tendré tiempo para celebrar.

El drama de las mujeres inteligentes

Un día esperaba para entrar en el salón de clases y me encontré con el profesor-coordinador del postgrado. Antes de poder decirle hola, el celular sonó dos veces -el flaco me invitaba a cenar y me recordaba que había que hacer mercado, la maestra de Sebastián necesitaba preguntarme algo- como secuencia de Matrix, se me cayeron algunos libros y rodaron, para mi desgracia, unas pruebas de color a las que pensaba darle un vistazo.
Mi profesor, sonriendo con dulzura, (siempre he sido una consentida de los profesores y profesoras, hasta de los más odiados) sólo comentó: Ese es el drama de las mujeres inteligentes. ¿Ya sabes qué vas a sacrificar?

Trabajillo con hip hop flamenquillo. Una noticia feliz

A pesar de los desbarajustes y atajaperros culturales, me alegra mucho saber que vienen los Ojos de Brujo.
Este momento de egoísmo es producto de una mañana súper ajetreada, con placebo itinerante para beneplácito de los condenados. Que lo disfruten.




Imágenes:
Mezquita de Córdoba, 2005.
Eclipse de luna 2007:
El día del eclipse estábamos en el open house y nos llevamos a todos los chiquitos al balcón para que vieran el inusual capítulo lunar. Momento kodak.