2013/04/14
Update
La pared reflejó el diálogo de dos semanas cargadas de injurias, intervenciones vergonzosas, cambios de estrategia y esperanza de cambio.
♤♧♡♢
Camino hacia mi centro de votación.
Admiro la conversación impúdica que salta del muro basada en acciones como tachar y renombrar, atacar y amenazar.
Me detengo. Captura rápida y furtiva, no vaya a ser que me arrebaten el celular.
♤♧♡♢
Nos contaron hace unos días que los dueños del hotel prefirieron a esperar a que "esto pasara" y pintar la pared, antes que continuar perdiendo recursos al tratar de blanquear el muro del pin pong entre insultos y amenazas.
♤♧♡♢
La presidente de la mesa luce molesta ante la presencia de testigos que vigilan el proceso.
En su monólogo arremete contra los culpables de los mitos que amenazan la transparencia electoral histórica venezolana.
Le piden que guarde silencio. Suspiro.
♤♧♡♢
Vuelvo con el libro intacto, con calor y ansiedad. Hoy es un día largo, a pesar del trámite conocido.
2013/03/20
Leer al país en un "tuit" perecedero
Mientras subo esta imagen, quizás su referente ya no existe.
Al pasar, vi como se disponían a devolver la textura impoluta que ostenta, no sin esfuerzo, la cuadra entera.
Podría cambiar el contexto, otorgarle un nuevo nombre, reflexionar y parafrasear acerca de la frase.
Mientras tanto, me quedo atónita ante la fuerza del stencil.
Me quedo sin palabras.
Imagen:
"Nacerán en revolución".
Caracas, 2013.
Hotel Vip. Altamira.
2013/01/27
2013/01/24
Soundtrack. Libros para oír (número uno)
Es oficial, hoy arranco mi Soundtrack: Libros para oír en CochinoPop
Para inaugurar este espacio hablo de Papi, escrito por Rita Indiana a punta de perico ripiao tecno y muy punk.
Que lo disfruten. Pincha aquí.
2013/01/20
2013/01/16
Parole tipo underground
Dejé de observar a la gente que hablaba en el metro desde que las miradas de curiosidad se tornaron en advertencias fulminantes dignas de órdenes de alejamiento. El espacio y el aire es escaso. El otro está más cerca de lo que se desea. No hay silencio, orden ni limpieza. El tránsito es un vía crucis inevitable.En ellos, los otros, brotaba incesante el material del que nutría mis escritos. Nada más cercano para armar personajes, fabular, confabular y mimetizar que aquella sucesión de gestos involuntarios, comentarios predecibles, declaraciones altisonantes y reflejos. Rostros relajados, casi somnolientos.
Ahora, no hay placer en el trayecto. No hay redención en la ciudad del crímen. No hay sosiego. No puedo escuchar las pausas ni atrapar los puntos para rematar las sentencias. Mis silencios están llenos de angustia y miedo. No puedo escribir desde acá. No quiero.
Nombres propios y comunes, política servida con café con leche. Nación zombie, boliburguesa y con soundtrack de cantautores becados. Pseudo revolucionarios versus doñas que existen solo en su imaginación. Miseria, limosna, trapos mojados-recién lavados-que cuelgan de la jardinera de la estación de trenes. No hay paso en el rayado si no hay un semáforo que anuncie con tiempo que hay que detenerse para permitir el paso del otro, pues sí hay un otro, aunque suene invisible.
Imagen: http://escapepipe.blogspot.com/
2012/12/07
2012/08/18
Sí...
Acepto.
Algo tengo que aprender,
algo debe trascender, y dejar atrás las huellas.
Quítate.
Estás parada en el medio de mi camino
Insistes en añadir color a tu cara,
en hablar bien de tus zapatos,
en hablar mal de todo lo demás: herir, susurrar, sugerir, destruir...
Insegura pequeña zorra a la que canta el coro de voces
tan Dermis Tatú
que no conoces
-ni descubrirás mientras vivas-
Me aburres.
Nosotros, tus conejitos a la espera.
2012/06/15
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 11
Te lo compro
Con el tiempo, he aprendido a aceptar los cambios. Algunos me toman totalmente desprevenida y otros no hacen más que elegir una forma y desembocarse, a pesar de mis intentos porque las cosas no terminen precipitadas sobre la mesa. Casi siempre los anuncios del universo y provenientes del más allá metafísico se convierten en hechos reales y las sensaciones, pálpitos y premoniciones son correctas. Umjú.
En fin, la palabra "paciencia" apareció durante el primer semestre como étymon ineludible. Yo, siempre acelerada, soy la persona más impaciente que conozco. Al precipitar las acciones, más de una vez me he ido de boca por el precipicio. No escucho consejos. Soy tan terca, que he anunciado más de una vez que "podré con esa persona imposible con la que nadie quiere trabajar" y termino involucrada en una novela de Telemundo en la que el epílogo reza "I Told ya". Soy así, como podría cantar con su débil hilo de voz Calamaro.
Hace un mes me tocó la cola-atasco más jevi de mi vida. La avenida Baralt nunca se me había tornado más funesta que aquella media mañana aderezada con las risas de FullChola y colores fundidos bajo el sol más inclemente anclado en el centro de la ciudad. Sin poder aislarme en mi iPod-iPhone-iVida, sin poder leer, sin nada más que rendirse ante la inercia que supone estar atascada.
En esos momentos siempre vuelvo a preguntarme y a responderme porqué no tengo -nuevamente- carro; porque no planifico mejor mis citas, porque no le pido la cola a mi esposo para resolver los trámites domésticos o porque no habrá un bendito corredor natural en el que puedas ir caminando por toda la ciudad.
Cuando mi odio hacia la ciudad alcanza casi el clímax, sube un chico (veinteañero) pulcro, perfumado y con un pequeño bolso ladeado. Ojo, no tengo buenas referencias de chicos con bolsos ladeados, si a los escapes de robos por puesto me refiero. No obstante, y muy a pesar de mis miedos, el chico no avanza a cazar un asiento, más bien se enmarca entre el cortinaje que no deja ver al conductor y comienza a recitar un brief sobre bolígrafos.Una presentación impecable. No puedo dejar de pensar en una de mis ex jefas, clasista hasta el tuétano, que hablaba mal de todo el mundo, (todo el tiempo) especialmente de todo aquel que pensara, opinara o sintiera distinto de ella o de sus prácticas de mercadeo. La imagino vomitando, exaltada, hablando de sus glorias pasadas.
Completamente fascinada, traté de buscar algún término mal enunciado en la expo camionetica, alguna caída en el discurso o tan siquiera una palabra mal empleada en el contexto. Nada. Todo encajó.Desde el preludio hasta el cierre.
Cuando ya estaba casi convencida de que aquel era un extraordinario caso de publicidad orgánica, el chico en cuestión recitó el speech de la marca y sacó una chupeta con datos de facebook y twitter. Acto seguido, sin solicitar que le compraran nada, prodigó buenas tardes, recibió aplausos y desapareció por la puerta de la camioneta.
Te la compro, mi publicista guerrillero favorito. Clap, clap, clap.
2012/05/22
Enrique Bunbury es el Licenciado Cantinas
Revista Ladosis 21
Zaragoza. Pabellón Príncipe Felipe
Barcelona. Club Sant Jordi
20 y 21 de enero de 2012
España
La última vez que Bunbury visitó Caracas fue de la mano del Festival Nuevas Bandas (2002) para presentar su álbum Flamingos. Esta es mi crónica de cómo vi al aragonés errante, diez años después
El predespacho
Luego de cerrar la exitosa gira de “Las consecuencias” realizada entre abril y agosto de 2010, Enrique Bunbury se tomó una pausa para disfrutar junto a su compañera -la fotógrafa JoséGirl- del nacimiento de su primera hija, Asia Ortiz.
Durante ese tiempo, Bunbury se dedicó a preparar el material que formaría parte de su más reciente producción: Licenciado Cantinas (2011). Una peculiar mirada a Latinoamérica con temas y cantantes populares emblemáticos para el músico zaragozano. En el documental Las venas abiertas del Licenciado Cantinas (octubre de 2011), se puede apreciar el trabajo del Bunbury artesano de sonidos y texturas en la intimidad del estudio Sonic Ranch en Texas. Durante meses, el aragonés congregó a la banda que le acompaña, “Los Santos Inocentes” e invitó a músicos de la talla de José Cueto, Leonardo “El Flaco” Jiménez (Ry Codder, Mavericks, Bob Dylan y Rolling Stones, entre otros); David Hidalgo (Los Lobos) y Charlie Musslewhite (Salón de la Fama del Blues).
Bienvenidos a la cantina
El 20 de enero, a las 19:30 horas, asistí al primero de los dos conciertos del tour que tuve la oportunidad de presenciar. Este día contaba, además, con la oportunidad de disfrutar del estreno del mediometraje homónimo realizado por Alexis Morante y su productora 700 gramos. En la entrada del Pabellón Príncipe Felipe, el chico de seguridad sonríe ante mi insólita solicitud de que no rasgue la entrada. Le digo que aquel pedazo de papel lleva implícita una carga emotiva que no podré explicarle. “¿Por qué no lo has visto en Latinoamérica?” me espeta con una franca sonrisa. Buena pregunta para debatir acerca de la calidad de la producción en este lado, pienso. Sonrío: “Quiero verlo y escucharlo, sin tener que empujar o competir en un coro”.
Decido acercarme lo más que puedo a la tarima. Allí están el micrófono con las calaveras, los instrumentos y la pantalla que proyectará durante casi media hora la historia de la transformación de Enrique Bunbury en el Licenciado Cantinas. Una chica y su hermano me invitan a disfrutar del concierto en la primera fila y en menos de veinte minutos ya nos han entrevistado un par de veces. No hay sobresaltos, ni retraso en la programación. El sonido es impecable. Bunbury cierra los ojos, canta durante más de dos horas y agradece todo lo que puede a la gente que se desborda en aplausos.
Disfrutamos de la ejecución de temas que dibujan un mapa variopinto para homenajear al Sur y sus sonidos. El mar, el cielo y tú, Llévame, Ódiame (Federico Barreto & Rafael Otero López), Licenciado (El Mulato) (Ricardo Ray & Bobby Cruz), El Solitario -Diario de un Borracho- (Alfredo Gutiérrez), Ánimas, que no amanezca (Guadalupe Ramos), El día de mi suerte (Willie Colón & Héctor Lavoe) y Cosas olvidadas (Antonio Rodio & José María Contursi). El aragonés errante también repasa temas de Hellville de Luxe, Las consecuencias, Flamingos y El tiempo de las cerezas. Los aplausos no cesan y los músicos vuelven tres veces al escenario.
En el Salón Sant Jordi, al día siguiente, el panorama será distinto. Barcelona me brinda una compañía de lujo y memorable.La producción no da la talla, pero allí encontraré a los amigos y compañeros en las distintas facetas del Enrique poeta, músico y cómplice. Pep Blay, el maravilloso narrador y responsable de la biografía de Enrique Bunbury (RHM, 2007) que nos visitó durante el pasado Festival de Lectura de Chacao, se encarga de presentarnos a Carlos Ann, Shuarma y Laura Álvarez, con quienes compartiré el resto de la velada.
Me llevo mi postal de lujo para celebrar al Licenciado Cantinas, un monstruo en tarima con seductoras apuestas artísticas y sonoras. Más tarde, Jennifer Friedwald y Max Manzano serán los primeros en escuchar mis crónicas en el Foxy Bar.
2012/02/03
2012/01/11
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 10
Escrúpulos de asfalto
Sí. La foto está al revés.
Café. Cámara. Acción.En la camionetica suena Fernandito Villalona. Solo falta un cuento de Junot Díaz para un momento perfecto.
Cierro los ojos. El sol, en los días tempranos de diciembre, carece de brillo. Durante las jornadas de fiesta lloverá y se armarán festines inverosímiles sobre aceras infestadas de heces perrunas y orine de gatos made in Los Palos Grandes. Habrá accidentes, tragedias y luto gracias a la falta de mantenimiento de las vías. Mientras tanto, la agenda local festiva se cumplirá impasible, atendiendo a los propósitos personales y electorales.
En Arábica hay zancudos dignos de remakes de películas vampirescas fútiles. Cuando un autor, un amigo querido -librero, generalmente- o un entusiasta promotor cultural me cita allí, sé que debo armarme con las botas-altas- colombianas, jeans de invierno, las chaquetas pesadas y con todos los atuendos que reservo tradicionalmente para viajar. No obstante, sé que la vestimenta fuera de lugar me escudará de esos, los zancudos vampirescos que acechan bajo las mesas de metal dispuestas para el café tardío.
Hoy, el cielo luce azul. Mientras tomo mi café, recuerdo cuando te invité a venir conmigo a trabajar en aquella pulpería de tercera. Nos reímos, sin dientes, ni orgullo. No importó nada. Te conté de la miopía de la gerencia, de aquella necesidad patológica de aprobación personal que debíamos sortear y también del peligro que asomaba tu temprana propensión a nombrarlo todo a partir de ti, como si fueses el ombligo del universo. Te referí, con horror, de como no había interlocutores en aquella máquina horrible digna de lugar común de Burton, dentada, siniestra y sin lectores. Te reíste, pero prometiste que la amistad nos salvaría de los favores, del quince y último, del llevarse por delante a los amigos que nos acompañan en la comparsa a punta de trompetas de Kusturica rumbo al desolladero, porque los amigos, los amigos son primero. Me lo prometiste, y te creí, como quien cree en esos amigos, en Santa y en los raspados de colita.
Ahora, el café de Arábica sabe a redención, a peso muerto que quedó en el camino. Te extraño, pero no te sufro. Te quiero, como quien quiere a una lejana conocida hipster que finalmente cumplió su deseo de ir a vivir a Barcelona ¿Ella? Ella se fue a escribir en revistas que interpretan fenómenos a partir de círculos amistosos con una edición modernísima en círculos concéntricos...
Cierro los ojos. No sé picar el ojo. Me río. Puedo contar en mi biografía que nunca aprendí a hacerlo y que no me hizo falta.
2011/09/07
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 9
Catársis 3.0
Nuestra agente 100% confiable encontró un paquete de viaje que no pudo rechazar y compró, sin reservación previa, un pasaje de ida sin retorno. En este punto de la historia he despedido a familiares cercanos, a tantos panas y conocidos, que aceptar la ausencia de la súper agente pasó, lo admito, casi desapercibida.
Eso hasta que me tocó comprar un boleto.
Caracas es una ruta de aventura cambiante y telúrica que te amenaza con sus referentes carcelarios de abandono. Por ejemplo, si sales de la zona metropolitana, te encuentras en plena autopista con un edificio que parece sacado de La tierra sin humanos y que ostenta un aviso de Iberia carcomido. Si caminas por la única pseudo-ruta peatonal decente que luce la ciudad (Chacao-Parque del Este), un letrero de Mexicana corona un espacio traslúcido y vacío.
Tengo que ir a Copa Airlines... susurro, ¿aún existe?
Me perderé en el Lido, lo sé de antemano. Confirmo, antes de salir de mi casa, que tengo chocolates, mi abánico, un libro y una revista.
Cuando camino hasta la calle que me guiará a la avenida, y luego hasta la camionetica que requiero, el sol me atraviesa impasible con sus rayos premediodía, mis ojos míopes arden heridos como vampirijilla y lamento no haber recogido mi cabello. No obstante, lo peor sucederá cuando palpe, sin querer, a mi chocolate con pistacho vencido ante el influjo de su naturaleza calórica.
Para trasladarse al Centro Comercial Lido desde Los Palos Grandes, hay que apearse en una camionetica que vaya a Chacaíto. Si por error -o desesperación- te aferras a una que circule por la Libertador, prepárate a sufrir de vértigo irreductible, a apretujarte como una sardina que no sabrá en qué escalera tiene que bajarse para retomar su trayecto. Cuando menos lo esperes, estarás (dos horas más tarde) en estado de pánico frente a la oficina de correos que precede al puente Llaguno; todo ese paquete sin poder subir al metro y obligado a recurrir a la Avenida Lecuna para aferrarte a lo que sea que te pueda regresar al punto del GPS en el que te desubicaste.
Listo. De vuelta a la travesía. Con calor y medio cegata, hago señas al conductor para que pueda acercarse a la parada. A unos 50 metros, una señora de la tercera edad (cercana peligrosamente a la cuarta), se lanza a la calle y trata de subirse. El conductor la ignora y se detiene justo frente a mí. Espero que la señora emprenda su ascenso y la sigo. El conductor abandona su puesto y se acerca a la doñita que, cansada, trata de sentarse en el primer puesto que consigue.
El chofer la ayuda a acomodarse. Acto seguido, comienza sin preámbulo la catársis más estridente que haya presenciado en mi vida. Los gritos que fluyen a borbotones de la boca del chofer me taladran los tímpanos. "Por tres bolívares" es la frase con la que arranca la parranda de regaños, reflexiones, moralejas sin fábulas de animalitos, ironías y casos de la vida real. "¿Y usted no me entendió, verdad?", amenaza con ser la cláusula-grito de cierre. "Si, mijo, perdone", le ruega la señora. No hay diálogo posible. La letanía se repite y yo estoy a punto de convertirme en plañidera con tal de que se acaben los gritos sazonados con sol, cornetas, insultos y calor del espacio exterior.
Por tres bolívares no puede exponerse, señora, a que un motorizado se la lleve por el medio porque piensa que yo la voy a dejar en la parada entonces usté me echa tremenda vaina por que es por mi culpa si le pasa algo y yo voy preso y me jode un pran y quién mantiene a mis muchachos que no tienen la culpa de que una señora inconsciente no espere a que se pare la camioneta porque se echa a correr por la calle y por qué usté anda sola por la calle dónde están los irresponsables de sus hijos que la dejan sola en Caracas donde roban y matan a todo el mundo...
Con calor, medio cegata y con dolor de cabeza, salto de la camioneta y me voy caminando, con paso desesperado, por las quinientas cuadras que me separan de Copa. El Lido me parece un oasis. Me pierdo y pienso que aquellas deben ser las vitrinas más feas del mundo. Decido, con la resignación que vibra en el aire, regalarme un té frío que me devuelva la compostura y las ganas de comprar un boleto que me traiga de regreso al país que habitaba y que no aparece en el mapa.
2011/08/26
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 8
Blindado a paso de vencedores
Es nuestro turno de avanzar por el extenso rayado que brinda la posibilidad de guiñarle un ojo al Ávila que luce majestuoso bajo el sol y el cielo despejado. En el segundo cinco del hombre verde que camina en el semáforo electrónico, una moto reloaded frena de golpe cortando el paso de los peatones que me preceden; un camión blindado que transporta valores, demasiado cerca, no tiene espacio -ni tiempo- para maniobras. Justo detrás de la mole frena una camioneta. Los pasajeros se balancean y el vidrio frontal, el parabrisas completo, con sus avisos y santos, calcomanías y paños de dibujos animados, zapatitos de bebé y peluches, con la mirada de desconcierto del chofer que no sabe a quién echarle la culpa; todo el vidrio se desprende con sus dimensiones panorámicas y estalla en miles de añicos contra el suelo.
El motorizado, colérico, insulta a todos, vuelve a su transporte intacto y arranca.
El chofer de la camioneta se lleva las manos a la cabeza. Los pasajeros voltean a todos los lados, se preguntan y responden al mismo tiempo, gruñen y gritan en diálogos sordos e inconexos.
En el blindado no pasa nada, nadie se asoma o se pronuncia. Sortea el camino de piedras de vidrio, la estela de avisos y zapatitos de bebés y arranca con grandes ruidos acelerados, como si se una escena de escape se tratara.
Se tranca la Francisco de Miranda, se confunden los semáforos, se paran los curiosos. El caos retoma su lugar privilegiado en la ciudad.
2011/06/15
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 7
Que Dios te dé el doble
Los síntomas de la crisis, me digo con la frente arrugada frente al rayo de luz que baña indecente a la ventana desprovista de papel ahumado. La crisis, el país, la identidad. "Esto no es un país, esto es un clima" sentenció ayer sabiamente Héctor mientras me mostraba una imagen donde aparecía un ángel.
Los síntomas de la crisis... a ver, pero es que esta crisis ya está más que diagnosticada y prescrita. Me fastidia hasta el tuétano seguir dándole vueltas a este tema omnipresente en mi Timeline vital. Crisis de identidad en un país donde la seguridad no existe ni en nuestro espacio doméstico. "Me quiero ir de aquí" asomó mi chamo al regresar de su reciente viaje por su cumpleaños. A su edad, en mi imaginario jamás existió la posibilidad de pensar en otro país como residencia, es más, creo que ni siquiera pensaba en país como noción más allá del contexto académico y de efemérides que pudiera recordar. El exilio, la crisis, la identidad, la posibilidad...
Las hojas, la carpeta, la pega de barrita... Auch, el portaminas. Sabía que había olvidado algo de última hora en el resumen de materiales escolares que necesita reponer Sebas. Me espabilo, y se filtra la voz de una señora que está sentada más atrás y discute por teléfono con quien pareciera ser su hija. Habla tan alto que no es difícil enterarse de la telenovela móvil vespertina y el resumen de la etapa culminante. Ella, la voz cuya cara no veremos en este capítulo, ha descubierto al padre de sus hijos encariñado con una $%&/$· (adjetivos altisonantes) en un cafetín. (Detallazo la locación escogida, además) "¿Qué?, ¿que los encontraste besándose?" La señora se encarga de repetir cada frase como si de subtítulos se tratara aquello. Básicamente le exige que se calle la boca, que no diga nada, que ella ya sabía que eso iba a pasar y que ahora piensen en lo que tienen que hacer.
"No le puedes contar esto a nadie", espeta la mamá que ahora convertida en directora y actriz principal del entuerto. "Si él no te quisiera, ya se habría ido con cualquiera". Plop. Aquello era la receta para un perfecto desastre, como el argumento surrealista de una novela mayamera, ni más ni menos.
"Por eso es que estamos como estamos", comenta una doñita en el asiento a mi lado, esperando quizá mi dictamen al respecto. Seguramente ella le habla al televisor mientras ve la novela estelar (e insulta a Federico Alberto cuando se va con Chiquinquirá y no con Yuritza). La miro y levanto los hombros; ese gesto me ha salvado la vida muchas veces. Mientras tanto, la señora del 0800-DESASTRE afina el plan de acción y ultima detalles sobre cómo la susodicha va a recuperar al amante distraído por los efluvios de la bicha esa que atenta contra la unidad familiar. "Ella es solo una coincidencia" dice con el mismo tono, intensidad y contexto de "Ella es solo una circunstancia". Me siento culpable, pero me río y me siento culpable.
Qué guapo el tipo. Atendido al doble y con el esmero de las partes, pienso. Un final feliz para el sujeto de los afectos desmedidos. Bien. Más gritos para reiterarle que no llore y hasta la promesa de montarle un trabajo, otro muchacho, tres barrigas, cualquier cosa que lo amarre. La madre se levanta y entre murmullos incomprensibles se baja de la camioneta.
La señora a mi lado, molesta, me dice "Es como con Chávez". No señora, no lo haga, le ruego con los ojos. No meta a Chávez también en esto. Es tarde. Muy tarde. No puedo levantar los hombros para salvarme. Miro hacia la ventana y pienso, a tres cuadras para bajarme, que hay gente que conozco que critica con vehemencia a Chávez, y tildan de marginales, tierrúos, monos y arrastrados a quienes les rodean, si son jefes tratan mal y groseramente a sus empleados, o se burlan de sus socios y colegas, si tienen pareja hablan mal de la víctima (delante de quien sea) y lo que es peor, creen que los errores siempre son de los demás. Por lo general son infelices y amargados, aunque se refieran a sí mismos como manantiales de experiencia, bondad y felicidad, e incurren en acciones tan bajas y destructivas como las que le endilgan al que te conté. Cuando una persona utiliza la critica hacia Chávez para sacar a relucir sus altas dosis de odio y resentimiento, y se refiere a los demás con esas mismas palabras del presi, cargadas de rabia y frustración, quisiera regalarles un espejo.
Últimadamente, chica. Sí, señora. Por eso estamos como estamos.
2011/06/02
Libros para morderte
La literatura erótica no escapa a la noción del tabú (desde la perspectiva moral y tradicional) o a la mirada purista en términos de géneros literarios o de contenido. Lo que no advertimos es la aceptación (discursiva,como tópico, estereotipo o de significación) de mitos culturales contemporáneos basados en contenidos generados en historias e imágenes con estas características... ¿Has notado la cantidad de veces que has utilizado las palabras Lolita o Garganta profunda para significar alguna situación?
Los manuales eróticos apuestan a satisfacer a una lectoría que acepta la salud sexual como parte integral de su vida. Por otro lado, el catálogo de títulos clásicos de la literatura erótica apuesta a su vigencia y permanencia en los anaqueles. Siempre será un placer volver a títulos consagrados dentro del mundo del placer sensorial y sensual.
Una vitrina virtual mezcla erotismo, literatura, placer y discreción para los lectores: MissToysCCS . Allí estaré, en un rinconcito sexy, hablando sobre libritos seductores (manuales, literatura, guías y clásicos, entre otros). Mi primera entrega está a un solo clic. Que la disfrutes y vuelvas a ella de ahora en adelante. Y si es en compañía, mucho mejor.
Los manuales eróticos apuestan a satisfacer a una lectoría que acepta la salud sexual como parte integral de su vida. Por otro lado, el catálogo de títulos clásicos de la literatura erótica apuesta a su vigencia y permanencia en los anaqueles. Siempre será un placer volver a títulos consagrados dentro del mundo del placer sensorial y sensual.
Una vitrina virtual mezcla erotismo, literatura, placer y discreción para los lectores: MissToysCCS . Allí estaré, en un rinconcito sexy, hablando sobre libritos seductores (manuales, literatura, guías y clásicos, entre otros). Mi primera entrega está a un solo clic. Que la disfrutes y vuelvas a ella de ahora en adelante. Y si es en compañía, mucho mejor.
2011/05/11
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 6
Copiloto survivor en el tunning por puesto
Trabajo, planifico y pienso en mil vainas mientras camino. Anita me dice que eso es un lujo, que el estar atento a lo que se mueve alrededor como si formáramos parte de un video juego plagado de peligros marca el ritmo peatonal caraqueño. En mis trayectos también siento que hay peligros latentes, es inevitable, claro, pero también desde hace un par de meses repaso las tareas que debo acometer, me recuerdo a regañadientes que no me siento cómoda en mi nueva situación laboral y trato de enfocar mis pensamientos hacia ese cambio que vendrá, más temprano que tarde. No le temo al cambio y he aprendido a respetar -sin concesiones-mis necesidades básicas, no negociables e irreductibles en el terreno ocupacional: respeto, cordialidad y flexibilidad.
Aunque decepcionada de Calamaro por su esnobismo político, por el maltrato vía twitter a seguidores, (y peleada conmigo por verlo más de las veces que se merecía) no puedo dejar de cantarme aquello de "No sé que quiero... pero sé lo que no quiero". Hoy mis 13 segundos del Ávila lucen borrosos y cubiertos por una niebla pegajosa que promete sensaciones fluviales que no rozarán mi piel ni refrescarán las calles y mucho menos aliviarán la presión de la temperatura caraqueña.
Perdí la posibilidad de atinar a subirme a una camioneta que no luciera deplorable por andar metida en mis pensamientos. El tiempo apremiaba y mi preocupación por el horario no hizo más que ratificarme que estoy en el lugar equivocado. Subo a la camioneta y recuerdo que en mi TL leí a una persona que reclamaba el porqué no criticamos las fallas del transporte público como aprendimos a denunciar -finalmente- las fallas estructurales del Metro de Caracas. Es cierto. Nuestro transporte superficial es un asco.
No hay más puesto que el que ofrece el minúsculo asiento que separa el vidrio cargado de anuncios de destino de la puerta de salida-entrada del transporte. No puedo ver nada, y descubro que los anuncios son láminas de acrílico con recortes de papel; pero al menos me consuela que aquello no está sucio, lleno de residuos de Gaceta Hípica o de periódicos matutinos gratuitos que recitan mentiras gobierneras.
Gracias. El sol aparece cenital y breve, débilmente brilla y la camioneta está limpia.
El conductor es joven. Parece el cantante de Deftones. Estudia de forma rápida su carpeta de CD y coloca el mix de cortina de los próximos 15 minutos. Ruego al endeble rayo de sol que no sea Carina o Rudy La Scala. Sorpresa. Es numetal. No puedo evitar reírme de mi impresión inicial, pero hay más: es numetal cristiano, algo que no había escuchado nunca. Y lo peor es que no entiendo lo que dicen las letras, aunque mi copiloto se encarga de corearlo todo.
Está nublado. La tercera canción numetal ya no lo es tanto, y suena a versión primeriza de Maná. No puedo sacar mis audífonos del iPhone y alejarme de todo a punta de Caifanes, mi más reciente flashback sonoro. Mi teléfono puede costarme la vida, y no atiendo lllamadas cuando mi iPhone está al aire libre. Cuando me bajo de la camioneta me quedo con la sensación de que más allá de cambiar de trabajo, debería mutar a un lugar donde no importe cuánto gane, sino cuánto pueda vivir.
2011/05/02
2011/03/31
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 5
Yo lo que te tengo es filo
Frente a la aparición de los nuevos vocablos, su posible difusión y frecuencia de uso se enfrenta, entre otras muchas circunstancias, a ese banco lingüístico inconmensurable impreso en el ADN y a esas recias convicciones de lo que pensamos (o decretamos tozudamente) debería ser el habla, o los modales y las formas. Hay palabras de moda, discursos aprendidos y otros que funcionan como etiquetas protocolares, nos gusten o no.
Mi adorado profesor Edgar del Valle Colmenares me mal acostumbró a fijarme en las palabras y los recursos que poseemos los hablantes para comunicarnos con los demás. Soy una fastidiosa que busca campos polisémicos, y lexías y frases y reiteraciones y frases broche y quién sabe cuántas cosas más en las palabras de la gente. No puedo evitarlo. Es una aceptadísima deformación profesional. Y cuando me preguntan, digo que sí, que somos lo que sale por nuestra boca.
Ayer fue un día particular en mi rutina transportística. No había música de fondo en la camioneta, atribuido creo que a la edad del conductor, un señor moreno, mayor, serio y cuya voz no escuché durante mi permanencia. Con ese clima ideal, aproveché para leer un par de páginas que se me han vuelto crípticas ahora, casi finalizando una tarea de edición. Fueron cinco minutos gloriosos de atención, tomando en cuenta que si deseas borrar el contexto en el que te encuentras -y lo logras- es una victoria de transeúnte caraqueña que no tiene precio.
Pero todo terminó cuando se atracaron al autobús algunos adolescentes de bachillerato, con sus celulares en modo MUSIC ON compartida obligatoriamente. Ni modus, ahí me tocó guardar mis papelitos y comenzar a mirar por la ventana. ¿Y qué pasó con el uso de los audífonos? pienso de tanto en tanto, hasta que un par de personajes se suben a la camioneta.
-"Buenos días, señores pasajeros, que Dios los ilumine y los lleve con bien a su trabajo o a dónde vayan- recita el más bajo del dúo. Lleva un chaleco y camisa doblada en los codos. Se adelanta a la reacción de hastío repetido de los presentes y advierte: -Yo sé que ustedes dirán que estos ya me van a pedir plata para un carajito y tal, pero no, nosotros venimos por otra razón..." Eso es verdad, me digo. En estos días me han pedido en reiteradas y groseras ocasiones dinero para niños y niñas fallecidas en el hospital El Llanito: la misma historia con final predecible donde hay un niño/niña para el/la que se necesita dinero y costear el sepulcro.
No doy dinero a los indigentes, aunque sean niños (bueno, trato, en realidad no puedo dejar de hacerlo la mayoría de las veces) esta realidad pluridimensional ha costado discusiones y enfrentamientos, por ejemplo, en alguno de los talleres para padres y educadores que he hecho en mi vida. Los niños no pueden resultarme ajenos, pero tampoco es justo estimular este hábito. Aunque tengan a un adulto irresponsable al lado esperando a que le entreguen el dinero, los niños de la calle me arrugan el alma.
Despabilo. Miro de nuevo al dúo dinámico ¿Será que nos van a robar? Calculo el valor afectivo de las cositas que llevo conmigo. Ouch, siento mariposas en el estómago...
-"Ustedes pensarán que qué chimbo estos jóvenes que andan así pues, en situación de calle, en la mendingancia, pero es que bueno, aquí no le vamos a caer a charlas, nosotros lo que tenemos es filo, y por eso es que solicitamos lo que ustedes nos quieran dar, una moneda, un cesta ticket arrugado, un ticket del metro..."
Qué descaro. Me descubro pensando como doña, y no me da pena. Muy al contrario; no quiero evitar sentir rechazo hacia el par de peluchitos. Me imagino que hasta tendrán hijos que estarán a la "buena de Dios" (o a la muy mala). Escucho los comentarios de los adolescentes. Algunos se burlan, otros se preguntan qué es "filo". No puedo evitar sonreír. "Hambre" le respondo al que está más cerca. Y ellos comienzan a reír con ganas.
-"Mi compañero aquí presente pasará por sus puestos a recoger lo que ustedes quieran darnos de corazón". De corazón, que lo único que me provocaba era decirle cuatro cosas al par de manganzones que sin disimular su aliento trasnochado, ni sus gestos involuntarios, quieren que le paguemos el vicio, como sentenció sabiamente una señora a mi lado. Hay reticencia, pocos se atreven a tenderle la mano con dinero.
-Acabamos de salir de la cárcel por homicidio- remata amenazante el bajito del chaleco desteñido. Quizás se molestó por la falta de empatía con el público al que pensaba embaucar. Prefiere el susto final, la advertencia de tráiler próximo al estreno: "Nos vemos, que pasen buenos días".
Ni de vaina, ojalá no te vea más nunca.Con filo, o sin filo. Amén.
2011/03/18
Cuentos de Camionetica
Cuento de Camionetica 4
Desde mi ventana
Mi jefa me comenta, convencida, que el problema no es tener un hijo, sino en quién vas a confiar su cuidado una vez que te toque volver a tu trabajo. Porque esto de ser una mujer yo-puedo-con-todo acarrea el disponer de un equipo multidisciplinario que te ayude en la crianza de los niños, of course. Debes formar una nueva familia nuclear: Tu compañero (en el mejor de los casos), una abuela de esas entregadas y con buen humor, la tía divertida, los tíos incondicionales, la guardería o la nana. Luego, la pediatra, el terapista, la maestra de ballet, el entrenador de fútbol, la cuentacuentos, las mamis letreras, el profesor de natación, el maestro de música y el Wii como parientes relacionados, por citar sólo a algunos miembros.
Ayuda. Mucha ayuda. Jugar a la autosuficiencia es tan cursi y demode. Recuerdo una vez, en medio de un despecho horrible (y tan superficial, en retrospectiva) por allá en mis días de pregrado, que una de mis madres postizas, Marielena, me consolaba diciendo no perdiera mi tiempo en llorar y que guardara esas lágrimas para el día en que no consiguiera una señora que pudiera ayudarme en la casa. Oh, ¡cuánta sabiduría materna!
Con Sebas pude disfrutar de una flexibilidad laboral que me permitió aprovechar su compañía. Con la gordita también, a pesar de mi incremento tareístico y académico. A los 3 años de edad mi muchachito entró al primer cole, en el que estuvo sólo un trimestre, pues conseguimos uno más lindo ese mismo año, con comedor (y maestras conocidas de mi mamá que me lo pudieran cuidar reloaded) El flaco y yo lo buscábamos al colegio (tan chiquitito, en el primer nivel del preescolar, Awwww). Comíamos helados, caminábamos... ¡Toda una aventura!
Un día, en el trayecto de vuelta a casa, Sebas y yo (en modo dúo, sin carro) subimos a una camioneta de la ruta Chacao-Los Ruices, de esas que bordean toda la Francisco de Miranda. A él le emocionó sentarse en un puesto que ostentaba un ventanal (inmenso, en proporción a su estatura) y lo mejor de todo, bajo, basicamente cómodo y panorámico. Sebas, siempre callado, tranquilo, se sentó y comenzó a registrarlo todo, a mirar simultáneamente todo lo que dejaba captar aquel portal. Al pasar frente al Parque Cristal, esa mole cuadrada de vidrio que marca el fin del municipio Chacao, exclamó: ¡Mamá!, ¡ese edificio está roto!
Me temía un efecto sonoro colectivo como el de las risas grabadas de la televisión. Pero no, algunos suspiros maternales y una que otra risita (de esas que preceden a las explicaciones en voz alta de parte de quien las exhibe, en franco monólogo de justificación innecesaria) hicieron que pudiera retratar la carita iluminada de Sebas esperando una explicación acorde a aquella cosa terrible.
Hoy, después de los 13 segundos disponibles para catar el cielo y la silueta del Ávila, en el minuto 20 de mi recorrido quedamos atrapados en la cola de espera del cambio de semáforo. En esta sesión, el colectivo chilló rabiosamente a Karina. Desde mi ventana... lo que me llevó por segundos a preguntarme (sin recordarlo) en qué año fue que tuvimos que ver a Karina teloneando a Hombres G, y cómo me emocioné como una quinceañera ochentosa cuando uno de mis panas del alma (del tuétano) me contó que iba a trabajar en un proyecto teatral con ella, la mismísima Karina en persona. Antes de seguir enumerando lastimosamente más imágenes como estas, miré por la ventana para escapar de tanta nota inalcanzable, de tanto aullido a media mañana, de analizar la tendencia inevitable que observo en algunos de los conductores de camioneticas de la ruta diaria que insisten en escuchar baladas de los ochenta (los CD completos, ¡válgame!) y a todo pulmón.
Sonreí. Allí estaba, capturando nubes y luces, el edificio roto de mi Sebas, declarado patrimonio en sus ojitos limpios de niño de tres años y medio.
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